Los resultados de las elecciones legislativas celebradas en la República Federal de Alemania el domingo 27 de septiembre de 2009 han abierto, en artículos periodísticos y tertulias audiovisuales, dudas sobre el futuro del socialismo en Europa. No se escribe o habla de la desaparición inminente del socialismo democrático, pero casi. Como si veinte años después de la caída del muro del Berlín y en plena crisis del capitalismo, se hundiera ahora el socialismo. Seguida esa hipótesis tal y como se expresa, habrá que convenir que es equivocada, pues el socialismo democrático, desde que se aplica el sufragio universal directo y secreto, pasa más tiempo en la oposición que en el gobierno. Dicho de otra manera lo sucedido en Alemania no es novedad, no debería ser noticia, ni dar pábulo a crisis inexistentes. La derecha domina los gobiernos europeos desde siempre, salvo en Suecia, algo menos en Noruega y Finlandia. En el resto rige el principio mayor de la derecha. No hay más que acercarse a la hemeroteca más próxima o buscar en la red o leer con mínima atención un libro de historia contemporánea.
En la citada Alemania, desde las primeras elecciones es decir desde 1949 ha habido cinco cancilleres democratacristianos por sólo tres socialdemocrátas. En ninguna de sus victorias los socialdemócratas pudieron gobernar solos, no obtuvieron la mayoría absoluta. La democracia-cristiana alemana, que se autodenomina social-cristiana tiene en su haber la Seguridad Social, es decir uno de los pilares básicos de la idea europea de calidad de vida. Desde Adenauer hasta Willy Brandt pasaron veinte años de socialdemocratas en la oposición. Alcanzaron la Cancillería en octubre de 1969 y fueron expulsados de ella, vía maniobra filibustera de los liberales, en octubre de 1982, o sea trece años. Luego llegó el gran Kohl para unificar Alemania y ocupar el puesto de Canciller desde 1982 hasta 1998, siete años del socialdemocráta Schröder y Ángela Merkel. Una ligera y rápida suma ofrece en sesenta años cuarenta de poder cristiano-democrata. Es la fría realidad. Ni el triunfo este septiembre de la derecha alemana ha sido tan significativo, ni hay una crisis irreparable en la izquierda, sí es verdad que hay muchas izquierdas o que la sociademocracia alemana no es la única manera de entender el socialismo.
El ejemplo alemán vale para Francia, donde de seis presidentes electos de la V República sólo uno era socialista: Mitterrand. Si echamos la vista un poco más atrás, a los gobiernos de la cuarta República veremos que los primeros ministros provenientes del SFIO (Sección francesa de la Internacional Obrera, nombre usado por el socialismo francés hasta 1971) fueron cuatro frente a diecinueve en los años comprendidos entre 1945 y 1962.
Lo mismo se puede decir de Italia o de Holanda o Bélgica, ergo, el socialismo democrático siempre ha estado en crisis. Es verdad que en España, Portugal y Grecia, donde se padecieron dictaduras, el socialismo democrático ha ocupado el poder con más o la misma frecuencia que la derecha. La izquierda progresista frena al liberalismo depredador de la derecha o lo modera, pero ocupa menos el gobierno en Europa, desde 1945 cuando de verdad se instala la democracia como forma de vida. En el Reino Unido donde la alternacia es más común, también han habido más años conservadores que laboristas. Deducción o hay mucho indocumentado, o hay ganas de escribir por escribir o el socialismo democrático está en crisis permanente como el teatro. Me inclino por la abundancia de ignaros.
La socialdemocracia acusa la crisis actual del capitalismo, porque ha sido su mejor gestor, aunque desde los años ochenta se haya dejado llevar por el liberalismo puro y duro aplicado por los teóricos económicos de Thatcher y Reagan. Regresar a los orígenes, aquellos que recomiendan repartir más equitativamente las riquezas, corregir los errores sin cuento del mercado, reducir las plusvalías del capital será una buena noticia para la izquierda progresista. Además la derecha ha entendido que, para convervar el poder, debe acudir en masa a la urnas. Si es preciso tapándose las narices, como recomendaba Indro Montanelli en la Italia del oligopolio de la democraciacristiana. La izquierda no tiene tan claro semejante axioma, quizá porque no ame tanto el poder, quizá porque no perciba la diferencia, que la hay sin duda. Subir los impuestos sirve para mantener una escuela pública, una salud pública y unos servicios públicos, lo contrario es abrirse a la dura y espantosa realidad del mercado.
La izquierda alemana no ha salido tan mal parada, pese a la abstención enorme habida. Al ganador Socrates en Portugal le vendría mejor buscar apoyos por su izquierda, no parece que lo vaya a hacer, que por la derecha, porque la sociedad europea irá reclacamando cada vez más meno liberalismo demoledor y un poco más de mercado controlado. No digo planificar, ni nacionalizar, digo intervenir. Es de izquierdas y socialdemócrata.
LOS OLIGARCAS LATINOAMERICANOS ATACAN DE NUEVO
Julio 4, 2009A las puertas de las conmemoraciones del bicentenario del comienzo de la independencia de la América Hispana del Reino de España, las élites, que han regido sin piedad, con crueldad extrema en multitud de ocasiones, las naciones que componen el amplio espacio de Iberoamérica esa que habla español o portugués, se resisten a abandonar el poder absoluto. Es Honduras un ejemplo más de esa resistencia de quienes poseen todo, menos la miseria, a ceder una parte de su impúdica riqueza. Honduras es el símbolo de una batalla más amplia, esa que quiere impedir cualquier cambio parecido a aquel propiciado y patrocinado por Hugo Chávez, Evo Morales, Rafael Correa o Daniel Ortega. La batalla comenzó con aquél golpe frustrado contra el presidente venezolano en los tiempos, no tan lejanos, de José María Áznar y George W. Bush. El hecho, saludable y afortunado, de que ambos no ocupen los destinos de España y Estados Unidos coloca a los golpistas hondureños en una soledad que, en caso contrario, no habría sido tal. No hay más que escuchar al ex presidente Áznar para saber que él habría apoyado el golpe, como acostumbra a hacer todo, a pecho descubierto y con valentía.
Los golpistas están sólos y expulsados de la OEA (Organización de Estados Americanos), la misma OEA que ha recibido a Cuba hace unas semanas. La expulsión les deja fríos y se resisten a abandonar. Primero, porque están convencidos de su fuerza; segundo, porque les asiste la razón en forma de intereses pecuniarios; tercero, porque cuentan con las precisas bendiciones episcopales; cuarto, porque tienen el poder de la fuerza; quinto, porque la Unión Fruit no acaba de irse y sexto, porque la verdad, faltaría más, les asiste. Si José Manuel Zelaya vive no es por razones humanitarias o porque los milicos golpistas, acostumbrados a mandar sin discusiones o a obedecer a las castas superiores a las que ellos mismo pertenecen, sean gente piadosa y amiga del perdón de los pecados. No, simplemente no se han atrevido a asesinar al derrocado y legal presidente porque es uno de los suyos. José Manuel Zelaya fue aceptado con retranca por los señores jueces, de las mismas familias de los militares que poseen la fuerza, cuando ganó las elecciones. Cómo era un oligarca más, le dejaron (permitieron) que accediera a la Jefatura del Estado , al fin era un miembro de la minoría rectora, descendiente de los criollos que liberaron América del Rey de España, pero no a los campesinos, ni a los trabajadores, ni a los mineros. Las mismas minorías que masacraron en Iquique (Chile) a unos obreros que pedían algo parecido a un salario, las mismas que se doblegaron a los intereses de la administración de Ronald Reagan contra la Nicaragua del primer sandinismo, las mismas que cercan con huelgas salvajes al presidente Evo Morales.
Honduras es un aviso a navegantes de esos conservadores liberales que hicieron de la invasión de Irak bandera y no cambian ni una coma sus acciones. Son quienes, de forma simultánea, niegan la reelección, rasgándose las vestiduras, de Evo Morales, Rafael Correa o Hugo Chávez y aplauden con entusiasmo enfervorizado que lo haga Álvaro Uribe. Esperan, si no financian de manera efectiva, que cunda el ejemplo y centroamérica haga salir el poder a Álvaro Colóm en Guatemala, a Daniel Ortega en Nicaragua y al recién llegado Maurico Funes en El Salvador. Dan miedo, sólo queda la esperanza proveniente de la ausencia de conservadores en la Casa Blanca, aunque en el recuerdo quede la invasión de Cuba en los años sesenta con los demócratas en el poder de Washington.
No será bueno olvidar, las trampas acaecidas en la elección de Felipe Calderón en México para evitar el triunfo de Andrés López Obrador. Cierto que cometió errores de bulto el candidato al final derrotado, cierto que en Washington movía los siniestros hilos Dick Chenney, cierto que los Estados Unidos no iban a consentir otro Chávez en el Río Grande, pero es bueno rememorarlo ahora que toca el turno de Honduras, de la Honduras de un Zelaya que no es ni por tradición, ni por cultura, ningún revolucionario castrista. Sólo quiere repartir un poco las ganancias. No quitarle las fincas a los pocos ricos, sólo darle un poco de tierra a los muchos pobres. Es un traidor José Manuel Zelaya a su clase y a su casta, por eso lo han echado, pero le han perdonado la vida.
Las ausencias del poder de Áznar y Bush hacen pensar que a los golpistas hondureños les espera un porvenir complicado, pero dudo que tanto como para permitir el regreso de Zelaya. No van a claudicar, hay que ser realistas. Tan habituados a mandar y salirse con la suya es posible que la soledad les desconcierte, que la condena internacional, sobre todo de España y Estados Unidos les despiste, pero de ahí a abandonar sobra un trecho que dudo salten. Siempre queda cómo ilusión fórmula intermedia, algo así como el retorno de los zelayistas al gobierno y el abandono del poder por parte de los golpistas, que carecen de toda legitimidad piense lo que piense la caverna. Eso sí, sin que José Manuel Zelaya acceda de nuevo a la Jefatura del Estado, ni se condene, aunque se expulse de la carrera militar, a golpista alguno. Es tan triste, como auténtico.
LA SUCESIÓN DE MICHELLE BACHELET
Junio 15, 2009Chile celebrará en diciembre de 2009 sus primeras elecciones presidenciales sin la pavorosa y alargada sombra de Augusto Pinochet, felizmente fallecido en diciembre de 2006. A la caída de su sanguinaria tiranía, la Democracia Cristiana, partido de larga tradición de gobierno en Chile y el Partido Socialista chileno, heredero de aquel que llevó a la presidencia de la República a Salvador Allende, junto con otros partidos minúsculos de ideologías parejas formaron una coalición electoral llamada Concertación de Partidos por la Democracia para impedir que los simpatizantes del general Pinochet se perpetuaran en el poder por la vía electoral. No es, en sentido estricto, ni una gran coalición, ni un acto contranatura, fue una necesidad para devolver la democracia al pueblo chileno.
La Concertación ha dado sus frutos gobernando en Chile durante casi veinte años de forma continuada. Primero con dos presidentes provenientes de la democracia cristiana: Patricio Aylwin (1990-1994) Eduardo Frei Ruiz-Tagle (1994-2000) y posteriormente con dos socialitas: Ricardo Lagos (2000-2006) y la actual presidente Michelle Bachelet.
Ahora la concertación recurre de nuevo a un democristiano, que ya fue presidente, Eduardo Frei, para seguir en el gobierno y de paso salvar los muebles. Los democristianos chilenos están dentro de la mejor tradición social cristiana similar a aquella de los partidos Social Cristianos belga, holandés y alemán, aunque tras la caída del muro de Berlín los partidos cristianos europeos sean cada vez más cristianos y menos sociales.
Eduardo Frei, hijo de presidente del mismo nombre que antecedió a Salvador Allende, lo que permitiría al diario ABC titular “El tirón dinástico de la Repúblicas”, tiene como rival a Sebastián Piñera un empresario (dueño de la compañía aérea Lan Chile entre otras) y miembro de una de las familias más poderosas de la tradicional oligarquía chilena. Piñera, multimillonario, laico, liberal y conservador, por lo tanto no muy alejado de las posiciones ideológicas de Frei. Ese es el gran problema de las elecciones de diciembre y el gran dilema del electorado chileno, cansado de veinte años de lo mismo, pero temeroso del regreso de la derecha más dura. Aunque Sebastián Piñera pertenece a Renovación Nacional un partido moderado de derechas, está aliado con Unión Democráta Independiente (UDI) el partido de los herederos de Pinochet. Esta agrupación se denomina Coalición por el cambio (Piñera afirma que Obama en Chile es él) o Alianza por Chile.
Evidentemente hay más candidatos, pero estos son quienes tienen posibilidades. Marco Enríquez-Ominami ha roto la disciplina de la Concertación y busca firmas para ser el tercero en discordia. Algo ya ha logrado: ha dado armas a Sebastián Piñera para afirmar lo obvio, la concertación está en vías de descomposición.
Así las cosas es casi seguro que en la primera vuelta no habrá presidente y que los chilenos decidirán en segunda vuelta en enero de 2010. En ese caso Frei contaría con el apoyo de toda la izquierda, aún así es probable que no sea suficiente para la Concertación. Las razones de esa insuficiencia tienen dos pilares: uno el hartazgo del electorado con la Concertación, lo que hará que muchos jóvenes opten por la abstención y otro es que Frei suena a pasado y Piñera a nuevo, aunque entre sus electores se hallen los fieles al tirano.
Sebastián Piñera tiene su máximo adversario en él, por su condición de empresario y por sus aliados, pero si triunfara Chile, sin duda, comenzaría una nueva era. Su símbolo más evidente sería que Piñera de deshiciera de sus aliados de la UDI , es decir la extrema derecha pinochetista y al tiempo la Concertación pasaría a la historia. En buena lógica RN y DC formarían un grupo homogéneo, dejando a los nostálgicos de la dictadura sin opciones de poder.
A su vez el Partido Socialista chileno, más cerca en estos instantes, de los social-liberales que de los socialdemócratas, debería hacerse con la izquierda del espectro político y podría, más aún debería, pensar en proponer a su electorado natural cosas como pensiones públicas, educación igual para todos, menos mercado o terminar con el oligopolio de las grandes firmas farmacéuticas, algo que a Piñera no se le ocurrirá nunca. En fin un poquito de socialdemocracia que no le vendría nada mal a un país tan liberal como Chile. sería el complemento perfecto para la sociedad más avanzada de la América hispana, ahora que llegan las conmemoraciones del bicentenario de la independencia.
RAFAEL CORREA O LA TENTACIÓN TOTALITARIA
Junio 12, 2009Uno de los mayores errores de los líderes políticos es creerse necesarios, insustituibles e irremplazables. Existen muchos paradigmas, pero en la América que habla español hay ejemplos evidentes y manifiestos. Añádase ese mal de altura denominado mesianismo y se compondrá el retrato de algunos presidentes de repúblicas latinoamericanas. Para dar mayor vigor a su idea del mundo cambian hasta los nombres de las naciones que dirigen.
Hugo Chávez y Evo Morales son las cabezas visibles de esa legión de mutadores del planeta, pero tienen imitadores, como el presidente de Nicaragua, Daniel Ortega o el presidente del Ecuador, Rafael Correa quienes resultan una mala copia o un error en la clonación. En principio debe alabarse su interés y esfuerzo por repartir la riqueza, acabar con la injusticias, evitar que unos pocos oligarcas podridos de dinero tomen todas y cada una de las decisiones de una nación al margen de los intereses de la mayoría o despreciando la opinión de esa mayoría. Bien está y es digno de encomio que exista una mayor equidad, pero malo es caminar a golpe de decreto hacia la creación de una nueva oligarquía o a suspender derechos que son o deberían ser de inalterables.
Rafael Correa, tras su indudable gran triunfo en la reelección salvo en su tierra natal Guayaquil, donde no le quieren, ha decidido caminar a pie firme por el sendero, malo, de la tentación totalitaria. No duda en amenazar con cierre y cerrar a todo medio de comunicación que no participe de sus ideas, no ya que se atreva a criticarlas. Y eso no es bueno. Cierto y verdad que esos medios defienden los intereses conservadores más bastardos y cerrados de los sociedad ecuatoriana, cierto que no desean otra cosa que mantener prebendas, guardar sus privilegios como oro en paño y por ello atacan las medidas de Rafael Correa, no obstante no se combate al adversario político limitando sus libertad de expresión. Se le combate con la palabra, exponiendo ideas, proclamando las virtudes del nuevo modelo y explicándolo. Es, en opinión de este bloguero, hábito de cierta izquierda caminar hacia el estado totalitario estalinista por la vía de recortes en la libertad de expresión.
Un licenciado el Lovaina, Universidad católica de primera magnitud, como es Rafael Correa no puede seguir tan miméticamente a un coronel como Chávez que ve el mundo como si fuera un gran cuartel y con emitir la voz de orden, ésta se cumple y no se discute. La democracia es controversia y palabra y Correa debería, más que el presidente venezolano, saberlo.
La deriva totalitaria del presidente ecuatoriano no marcha únicamente en dirección cierre de medios, es más profunda y grave. Sobre la base, manifestada en un eslogan, de que la revolución está en marcha y sólo la vale la excelencia se controla al ciudadano como si Ecuador fuera un estado policial, donde el visitante es, sobre todo si viene de Europa o Estados Unidos, sospechoso de ser traficante de drogas. Es bueno luchar contra la corrupción, es digno de alabanza terminar con la mordida de los funcionarios públicos, pero no se es culpable mientras no se demuestre lo contrario.
Cierto es que las contradicciones son al hombre como el pensar, pero Correa las supera. Citaré esa que consiste en defender la naturaleza, pero permite que se arranquen las aletas a los tiburones. La historia indica que Rafael Correa y su revolución si continúan su deriva totalitaria, acabaran dando paso a una reacción excesiva de la oligarquía que pretenden combatir.
BIRMANIA, COREA DEL NORTE LA TIRANIA SECRETA
Mayo 30, 2009No cabe imaginar el sufrimiento incesante e inacabable de Aung San Suu Kyi, la mujer, premio Nobel de la Paz, que se enfrenta desde el silencio a una dictadura perversa, cruel y pero que debe gozar de todos y cada uno de los beneplácitos y parabienes de la Comunidad Internacional. Birmania sufre la tiranía militar desde hace cuarenta y siete años, pero nos impresiona más aquello que pasa en Cuba y olvidamos con frecuencia todo cuanto sucede en ese, por otra parte, bellísimo país asiático. Aung San Suu Kyi está estos últimos días de mayo sometida a juicio sin garantía alguna por parte de la única autoridad permitida, autoridad que reprimió con fuerza una revuelta budista, pero que tuvo menos eco que represión parecida por parte de los dirigentes chinos en el Tibet. Será, posiblemente, por esa rara forma de medir que tiene la comunidad internacional en particular la occidental del norte. Aung San Suu Kyi barrió a los generales en las urnas. Estos ignoraron el resultado y ocultaron en su domicilio a esta admirable mujer.
Casi en paralelo a su juicio en Birmania, Corea del Norte otra dictadura horrible, pero con peor opinión en la comunidad internacional se ha dedicado, mientras los norcoreanos no tienen ni para comer, a hacer experimentos nucleares, haciendo explosiones subterráneas o lanzando misiles, ante la preocupación lógica, aunque interesada, de Corea del Sur y Japón. El ridículo personaje de nombre Kim-Yong-il que dirige los destinos de Corea del Norte, nación por cierto donde es presidente eterno un muerto, sabe que cuenta con el visto bueno de China, estado a quién interesa la existencia, a estas altura de la historia, completamente innecesaria, de una Corea dividida en dos.
Entre el juicio de una luchadora por la libertad y los misiles de un loco, la actualidad se fija más en lo segundo que en lo primero. Influye, sin duda, que no haya imágenes del juicio en Birmania, tampoco de las explosiones, pero sí del jolgorio con el que una entusiasta y muy disciplinada cohorte militar aplaude los éxitos científicos norcoreanos.
Pese a esa ausencia de imágenes, cuando no existen, no hay noticia, es descorazonador que no se hable más, se escriba más, se critique más a la despiadada dictadura de Birmania, que llegó al poder en plena guerra de Vietnam para frenar el avance comunista por sudeste asiático, pero que ya no tiene sentido alguno. Si al final de la guerra fría hasta Mobutu sobraba en el Zaire, va siendo hora de que se mueva hacia el suelo, o sea se derrumbe la dictadura birmana, también por supuesto la coreana, pero por lo menos igualemoslas en el maltrato. Al olvidarnos, todos, de Birmania dejamos a muchos hombre y mujeres a la voluntad de los tiranos. Y no debemos permitirlo.
Escrito por jotabege
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