Surgió de la periferia al centro como adalid de la causa Mariano Rajoy. A ejercer de escudero mayor, presidió el Congreso, le condujo una máxima: mejor Mariano en mano, que Esperanza volando y otra esencial en un hombre de derechas de toda la vida, pero del ala centrodemocrática del PP, la unidad. Su peso específico, el mismo que le continúa rodeando, es su buen hacer y su respaldo electoral. Claro es el presidente del Murcia y se le olvida con demasiada frecuencia. Es barón importante, no tiene correas que le aten, ni sastres que le midan. Incluso deja caer entre los amigos su hartazgo, sus ganas de abandonar la política. No lo hará, aunque lo desea fervientemente, porque su sucesor sería el alcalde de Murcia capital Miguel Ángel Cámara y eso le produce úlcera de duodeno, sarna y urticaria al presidente de la Comunidad Autónoma. El alcalde es de la otra parte del Partido Popular esa más cercana a la caverna. En pleno delirio de declaraciones provenientes del imperio de la gaviota, Ramón Luis Valcárcel ha mantenido un segundo plano y una discreción admirables. Era amigo de Francisco Camps, al menos compañero de manifestaciones sobre la eterna disputa de la aguas y demás trasvases. Sigue creyendo que los trasvases son necesarios para su región, pero ya no sale de la mano y por la calle con Camps.
Ha hablado el presidente de la Comunidad de Murcia con ponderación, pero con una dureza implacable. Sin alardes, como el escudero del cobarde Alberto Ruiz Gallardón, quien nunca da la cara. Ha criticado, Ramón Luis Valcárcel, a su antiguo compañero de manifestaciones como poca gente ha hecho desde el interior del Partido Popular, al tiempo ha mantenido una lealtad, digna de elogio a Mariano Rajoy. Es tan destacable y llamativa su actitud, que contrasta con la verborrea de Manuel Cobo, un segundo admirable, por otra parte, porque se lleva las bofetadas que deberían caer sobre su jefe, el faraón de las basuras, el pusilánime que manda a Cobo a la batalla. Ahora por Caja Madrid, antes para ocupar la presidencia del Partido Popular en la Comunidad de Madrid. No se comprende muy bien la razón por la cual se suspende de militancia a Ricardo Costa y no se aplica idéntica vara para Cobo.
El problema de Francisco Camps, el iluminado, lo ha definido de manera excelente Ramón Luis Valcárcel. Afirma el presidente murciano, que su homólogo valenciano no ha gestionado bien la sastrería. Tiene razón Valcárcel, porque el problema de Camps no son los trajes regalados, sino la mentira. El mismo error que llevo a Richard Nixon a dimitir y estuvo cerca de llevarse por delante a Bill Clinton. Convendría escuchar más al presidente de la Comunidad de Murcia, aunque grite menos, sobre todo cuando la jaula de grillos alza la voz al mismo tiempo.
Ahora que el juez Baltasar Garzón no será atacado por la caverna, sería inmejorable que se impusieran los tipos como el barón de Murcia, más que nada para que no nos ofusquemos con la corrupción y equiparemos a todos los políticos o se nos llene la boca y el ordenador de palabras como que el sistema no funciona. El sistema funciona, la prueba es que se persigue a quien delinque. Los corrompidos saben que el sistema funciona y que no son impunes. Están los jueces, están los fiscales, están los servicios de seguridad del Estrado y también, afortunadamente, políticos como Ramón Luis Valcárcel. La mayoría son honestos, aunque algunos sean tan torpes como el llamado secretario general del PSM, Tomás Gómez, quien nadie acierta a comprender cual es su papel en este juego. En principio y con lo que llueve entre el escudero Manuel Cobo y la enorme Esperanza Aguirre, Tomás Gómez debería, al menos, hablar, pero ni eso sabe.
RAMÓN LUIS VALCÁRCEL, COMO EJEMPLO
Octubre 31, 2009RECUERDA: ERES MORTAL
Octubre 10, 2009Cuando un general romano entraba triunfal en la Ciudad Eterna y el pueblo y el senado de Roma lo aclamaban, un esclavo, situado tras él, le repetía de manera constante esta frase: RECUERDA QUE ERES MORTAL más que nada, para que no se envaneciera, para que la soberbia no le cegara, para que la arrogancia no enturbiara su futuro. Es lástima que en estos tiempos, por fortuna ya no hay esclavos o no debería haberlos, un amanuense, un alto cargo, un director de imagen o un jefe de gabinete, no recuerde su condición de hombres mortales, perecederos a algunos políticos gentilhombres.
En los días recién pasados suenan tres nombres, al menos, a quienes sería recomendable les recordaran su condición de mortales, por tanto su capacidad real de equivocarse, de no ser imprescindibles, de no ser insustituibles. Estos tres inmortales son latinos, mediterráneos, pero seguro que en otros lares abundan especies similares. Cierto es que los tres han protagonizado un mismo día de gloria. Uno, confunde su cargo electo con el pueblo entero, por unas trajes que no debió aceptar y ya aceptados debió confesar que eran regalo, en vez de ir de procesión en procesión. Un segundo, confunde la empresa, la política y se canta a si mismo, como un nuevo Hitler. El tercero y último es un niño bien proveniente de la gauche caviar quien por mantener el nivel del caviar ha abrazado con entusiasmo y fervor el espíritu del actual inquilino del Palacio de El Elíseo en París.
Aquel que confunde la Comunidad Valenciana, el pueblo valenciano con su misma figura, el hombre de los trajes a medida y que goza de amigos del alma como poco, se llama Francisco Camps y pretende estar por encima del bien y del mal. No lo está y como en aquella película inolvidable “Más dura será la caída“. Es verdad que, en un mundo de imágenes donde los conceptos se evaporan, tardará en llegar la caída, pero llegará. Cayó hasta el Imperio Romano. A Camps, dejada al margen la debilidad de Mariano Rajoy que, paradójicamente es simultaneamente su fuerza, le salva el silencio de los demás protagonistas de la trama, esos dadivosos caballeros que le proveían de trajes a medida. Como toda organización que se precie, conviene a sus miembros y beneficiarios guardar silencio. Hasta ahora, al menos, los detenidos y los caídos, ya una guía telefónica, no hablan, pero Camps, Rajoy y demás saben que en cualquier momento alguién puede pedir árnica y ponerse a contar y a cantar. Ocurrió en el pasado y sucederá en cuanto las prisión se abra aún más.
El segundo inmortal es el primer ministro de Italia, un tipo de opereta, que ha llegado hasta ahí ayudado por gente de la izquierda socialdemócrata que le permitió tener televisiones privadas en Francia, donde, por cierto, sucumbió el producto, y España, donde lidera la promoción de lo más cutre. En los años ochenta con François Mitterrand al frente de los destinos la República y Felipe González como presidente del Gobierno del Reino, Silvio Berlusconi era promocionado como el hombre que le abría la televisión a la izquierda. Gran visión de futuro por parte de aquellos que así lo definían. Además Silvio Berlusconi era amigo y estaba protegido por Bettino Craxi un socialista italiano, que fue primer ministro en la Italia de antes de la caída del Muro de Berlín y quien acabo sus días en el exilio, porque si regresaba a casa, daba con sus huesos en la cárcel. Con estos precedentes Silvio Berlusconi, cantante de cabarets como profesión primaria, no es raro, ni puede ser extraño, que confunda su puesto con la República Italiana, que se considere distinto al resto de los mortales italianos ante la Ley, que se cargue las instituciones, que confunda a las masas, que niegue evidencias y que suenen tanto él como su aliado Umberto Bossi a fascismo puro y duro aunque sin camisa negra. Pensar que la salida ante tanta podredumbre que se cierne sobre la gran Italia sea Gianfranco Fini, el hombre que refundó el partido de Benito Mussolini, da para grandes tratados y para convenir que éste ejemplar único que se da vivas, da pánico.
Frederic Mitterrrand, ministro de Cultura de Francia, es el tercer y puede que le más patético ejemplo de humanos políticos inmortales. Este intelectual, o eso dicen, refinado, culto, muy bien educado, sobrino del maquiavélico François de idéntico apellido y de quien no ha heredado nada. admite que hace turismo sexual y lo defiende. Apesta.
Convendría reflexionar un poco sobre lo mucho que cuesta la libertad, los valores democráticos, porque estos ejemplos se amparan en la impunidad, creen estar por encima del bien y del mal y por si esto no bastara, amenazan con la inmortalidad, menos mal que sólo es amenaza, porque son mortales, aunque no se lo crean.
Escrito por jotabege
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