OBAMA NO PUEDE

Aún no lleva siete meses en el cargo de César Augusto y ya se ha demostrado que ni él, el hombre más poderoso del mundo, puede con el establecimiento, con lo establecido, con  el famoso “stablishment”  (conjunto de dirigentes o personas que tienen el poder)   Ese que campea por  instituciones anquilosadas, por la industria militar, dirige  los precios del petróleo, es decir  el poder fáctico,  como lo denominábamos en aquellos tiempos de la transición hacia la democracia en España.

Barak Obama levantaba, en el verano de 2008,  ilusiones por doquier y el yes, we can (sí, podemos) se hacia creíble. La realidad, tozuda, advierte, anuncia, proclama que se puede, pero menos, mucho menos. La impotencia se muestra en hechos concretos que ya necesitan más de los dedos de las dos manos para enumerarlos. Puede, sólo puede, que sea táctica para evitar que lo asesinan,  le inventen amores falsos, lo calumnien sin parar, como ya hacen al afirmar que no nació en los Estados Unidos, o escriban que es socialista, además de amigo de José Luis Rodríguez Zapatero, el político que osó permanecer sentado ante el paso de la bandera de la barras y las cincuenta estrellas.

Es cierto, ha abierto un camino para modificar la política de Estados Unidos sobre la Cuba de los hermanos Castro, pero también es cierto que ello se debe más a los cubanos de Miami, hartos de aguardar la caída del castrismo por la vía de la excomunión y el boicoteo. No ha funcionado, pues cambiemos de rumbo. Algo así como el sendero tomado por Miguel Ángel Moratinos en Gibraltar, si la política desde el siglo XVIII hasta la fecha no ha servido para nada, ensayemos otra. Buscar nuevas fórmulas está muy bien tanto en Cuba como en Gibraltar.

Ahora bien si en el asunto cubano se ha dado un giro digamos copernicano y la entrada de Sonia Sotomayor en el Santa Santorum del Tribunal Supremo de Estados Unidos, mujer, hispana y progresista (suena a milagro que haya superado las pruebas, las trampas, los enredos de los conservadores)  es un logro, una pica en Flandes, el resto de la política exterior hacia o para Iberoamérica chirría como poco.

Caso Honduras. Los golpistas se consolidan gracias a la antigua y no escrita ley fuerza es derecho aplicada tantas veces por  Washington para aceptar dictaduras en Iberoamérica. Más aún el presidente legítimo, Manuel Zelaya, ha sido públicamente reconvenido por Barak Obama. El presidente de los Estados Unidos le ha dicho al depuesto Jefe del Estado hondureño que no se deje ver, que no de la lata, que espere. Variantes sobre la misma política de Estados Unidos hacia su patio trasero. Más de lo mismo.

Caso Colombia , las tres bases, los ochocientos soldados estadounidenses, más los denominados contratistas. Oído el ministro colombiano de Defensa, Fredy Padilla, al parecer este grupo de militares  van a hacer desfiles en las bases , a obedecer las órdenes del coronel colombiano de turno y sólo actuaran contra el terrorismo y el narcotráfico. Suena a benéfico y beatífico, pero en el resto del continente nadie quiere las bases.  Álvaro Uribe, el presidente de habla ibérica más amado por los medios, incluso por aquellos próximos a la izquierda caviar, se ha dado una vuelta y no ha encontrado ni un sólo apoyo, ni uno. Contra el narcotráfico se lucha mejor legalizando la droga o impidiendo que se trafique en los Estados Unidos con ella, sale más barato que enviar soldados. Siempre que el imperio mueve soldados asusta. Sobre todo si se recuerda que Colombia tiene frontera con la Venezuela del odiado y maldecido Hugo Chávez.

Antes de salir de la América Ibérica otro dato del no puedo: Guantánamo sigue abierto. No es bueno olvidarlo.

Salgamos de ese lado de la Tierra y vayamos al punto clave, a ese donde reina la ruina desde hace muchos años. Israel y Palestina. Ni un sólo paso adelante. Más, muchos pasos hacia atrás. Benjamín Netanyahu desoye cualquier admonición de los Estados Unidos. El muro sigue su marcha. Gaza sigue cercada y los asentamientos crecen. Cierto que los propios palestinos no salen de sus contradicciones, pero es necesario recordar que Gaza es un gigántesco campo de concentración.

Dejemos Afganistan hasta las elecciones, pero es la guerra interminable, además de imposible de ganar.

Este es el panorama. Nada halagüeño. Barak Obama seguro que lucha todos los días por sacar adelante sus proyectos, pero quienes controlan los resortes del poder se atrincheran, dejan que pase el tiempo, para que o bien se le olviden los ideales a Obama o la realidad se haga horrible y pierda en 2012, ante una variante USA de Silvio Berlusconi.

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