No es fácil imaginar qué habría pasado en los finales del siglo XIV cuando el cólera dejaba muertos en cada esquina de la vieja Europa diezmando sin medida la población y arruinando comercios y campos, si las llamas que quemaban cadáveres hubieran abierto todos los telediarios. No habría quedado títere con cabeza. No es fácil imaginarlo, pues si hubiera habido televisión, habría habido también higiene, penicilina, vacunas y millares de muertos menos. Si es fácil imaginar, por contra, la angustia añadida que le habría llegado al ciudadano medio cada vez que pretendiera informarse y le enumeran el número de muertos provocados por la peste bubónica. Algo de eso sucede con la gripe, llamada porcina en sus inicios desconocidos y meridianamente ignotos, pasada después ser conocida por una especie de sortilegio de letras y números H1N1 y ahora denominada Gripe A.
Los muertos debidos, dicen a la Gripe A, se encadenan y clasifican por continentes, por zonas geográficas, por estados y ciudades, pero no son más muertes que las producidas por infarto de miocardio en el mundo desarrollado, ni tampoco mas que las provocadas por el hambre en África, pero suenan a venganza de dios, por contemplar un mundo lleno de ateos y homosexuales. Los muertos, en su inmensa mayoría, casi todos, no se han muerto única y exclusivamente por culpa de la Gripe A, nada más lejos. Han muerto porque sufrían de casi todo y, además, les alcanzó la Gripe A.
Como vivimos sólo el día a día, la mayor parte de los habitantes ha olvidado la llamada Gripe Asiática, que se sufrió en la década de los cincuenta del siglo XX. Al parecer, quienes vivíamos entonces, estamos inmunizados ante este brote de la denominada Gripe A. No deja de ser una buena nueva para los más viejos del lugar, que de eso, al menos, pueden estar seguros de que no van a morir, aunque se los pueda llevar por delante la gripe vulgar y con minúscula, esa que llega todos los años con el otoño en el hemisferio norte. Viene al punto recordar que los brotes más dañinos de Gripe A en el hemisferio sur Argentina y Chile en particular tuvieron lugar en el otoño austral.
Ante tanta avalancha de peticiones, desde que no empiece el curso escolar hasta que los taxistas de Madrid, esos que escuchan la COPE en particular, sean vacunados en primer lugar, la tranquilidad con la que la ministra de Sanidad Trinidad Jiménez está abordando el asunto merece la loa y la felicitación. Confiesa, el autor de esta bitácora, que Trinidad Jiménez le ha sorprendido gratamente. Ha demostrado que es una política con agallas y para los tiempos que corren es saludable y refrescante, que así sea. Seguro que no fue llamada para pensar en la salud de los españoles cuando le ofrecieron un puesto en el Gobierno, al fin la salud es gestionada por las Comunidades de manera harto distinta, por cierto. Trinidad Jiménez fue llamada, apostaría cualquier cosa aunque nadie me haya dicho nada, para poner en marcha ese invento de José Luis Rodríguez Zapatero que es la Política Social, algo que no entendió Mercedes Cabrera, posiblemente porque más científica que política y en consecuencia de no haber entendido ya no es ministra.
Trinidad Jiménez, quien por cierto es la quinta ministra mujer en breve espacio de tiempo, ha dado a conocer la existencia del ministerio. Bueno algo hizo alguna de sus predecesoras, posiblemente la peor, Celia Villalobos, cuando explicó su teoría del chuletón y el hueso, en los tiempos pretéritos y ya olvidados de las vacas locas. También contribuyó mucho Elena Salgado con el tabaco, pero también con el vino. Mejor sabor de boca dejaron Ángeles Amador y Ana Pastor. No imagino, la verdad me cuesta mucho, la Gripe A contada en rueda de prensa por Bernat Soria. Con Trinidad Jiménez el Presidente del Gobierno ha dado en el clavo. La ministra ha hecho muy bien en frenar las ventas de medicamentos, aunque debe ser terrible la presión que debe soportar de parte de las multinacionales farmaceuticas esos seres por encima de todo bien y todo mal, que mueven tantísimo dinero y compran cantidad de voluntades.
Espera este parado desde su blog que no cunda el pánico, que siga Trinidad Jiménez en su calma y que el espíritu antisistema que gobierna en el PP se calme en este singular y delicado asunto. No cree el autor de estas líneas que la gripe sea una leyenda urbana, ni un invento de la farmaceuticas, que puede, ni una idea genial de los gobiernos para animar el consumo aunque sea de medicamentos, ni que sea el fin del mundo. Comprende, eso sí, este parado con blog, que vivir en democracia tiene como primera consecuencia tener informada a la opinión. Eso debe hacerse, pero acabemos con las cifras de muertos, que no creo sea una medida inteligente. Y eso, a vivir que son tres días.
Escrito por jotabege
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