EL GETAFE Y LOS TOCA HUEVOS

Abril 30, 2009

El tercer equipo de fútbol de la Comunidad de Madrid, esto es el Getafe, despide a su entrenador a falta de cinco jornadas para que acabe la Liga. Seguramente lo despide para no ser menos que los otros dos clubes ligeramente más grandes que el Getafe que hicieron lo propio. Primero el Real Madrid, como bien se debe conocer, y con posterioridad el Atlético de Madrid, como también es sabido. Aseguran crónicas sabias y documentadas que la razón del cambio de entrenador en el Getafe – al parecer contra la normas de estilo de su presidente- no ha sido por la envidia o celos o las ganas de imitar, por empatía no, vamos. Ángel Torres ha cambiado de entrenador en marcha porque el club que dirige esta al borde el abismo, lo cual hace el cambio hasta lógico y habitual en el fútbol, donde  si algo va mal la culpa es del entrenador, como la culpa del caso de espionaje en el PP es de Rodríguez Zapatero, como todo el mundo sabe.

Lo cierto es que el Getafe está donde está, mal en la clasificación según su presidente porque había un entrenador – al que, por cierto, echan siempre antes de acabar la temporada, por lo cual no se entiende por qué se le ficha- que era un toca huevos y ha fichado a otro Míchel, que no lo hace, cuando su pasión por hacerlo es publica, porque retratado fue en ese trance de tocar los huevos en sus tiempos de fino artista del carril del ocho.

No obstante ello, piensa el autor de este escrito, que Ángel Torres y su Getafe se han equivocado en sus planes. Dos finales de Copa del Rey absorbieron el seso a la dirigentes del Getafe - creo que sólo ese que necesita las dos con ese- Pensó don Ángel que su club era de los más grandes. Resultado cuarto por la cola.

Me gustaría saber las razones por las cuales en un partido entre semana, en el Bernabeu contra el Real Madrid el Getafe salió por todas, como si le fuera el título de Liga en ello, para días después caer en casa, sin fuerza, frente al Villarreal ¿Donde radica la virtud de ganarle al Real Madrid o al Barcelona, si al final se pierde?. La verdad es que este afán desmedido de ganar a estos dos grandes por parte de equipos pequeños, muy pequeños es, cuando menos absurda. Cierto a veces suena la flauta, pero la norma es la derrota. A la Real Sociedad hace unos temporadas le vino como anillo al dedo jugar contra los equipos que la jornada anterior se habían enfrentado al Real Madrid. El Real Mallorca lleva dos temporadas seguidas aprovechándose de esa casualidad.  En esta 2008-09, el Real Mallorca recibe a los equipos una vez que estos han pasado los llamados Pirineos. O sea un chollo para los mallorquines, que siempre han sabido que ganar a Real Madrid o Barcelona no formaba parte de su Liga y por eso les  han ganado.

La Liga del Real Madrid y de Barcelona es tan distinta a la Liga del resto que, en esta temporada, a falta de cinco jornadas, o sea quince puntos, nadie puede alcanzarlos. Dicho de otro modo ambos dos están ya clasificados de derecho para la próxima Liga de Campeones. Esa es la diferencia. A estos dos gigantes puede aspirar a frenarlos, el Sevilla, el Valencia, el Atlético de Madrid, por tradición, el Athletic Club de Bilbao y unas veces el Deportivo de Coruña otras el Villarreal, mas no el resto. Hubo entrenadores, más sabios, de otros tiempos, que afirmaban antes de jugar contra los dos gigantes, que esa no era su Liga. Los costes de la televisión, no igualan. Se vende humo y lo mejor es seguir el campeonato de Liga por la radio, porque le ponen tanto entusiasmos los periodistas, que parece fútbol de verdad, en serio, como si fuera un Mundial o casi. La realidad es otra, bien distinta.

No quisiera que de lo escrito se intuyera que me alegraría que el Getafe se hundiera- riesgo que con Míchel de entrenador es grande según la estadística- porque nos sería verdad, pero si quiero dejar meridianamente claro que intentar ganar al Real Madrid fue una torpeza grave y encima ha costado mucho a muchos. Hay algo peor que el esfuerzo baldío y es perder el siguiente partido en casa.


ABRIL REPÚBLICAS MIL

Abril 25, 2009
No es que el entusiasmo me embargue al pensar que en un futuro ¡ojala que lejano! Felipe de Borbón pase a ser conocido como Felipe VI al devenir Jefe del Estado del Reino de España. La causa inmediata de mi escaso entusiasmo deriva de mi ayuno espíritu monárquico, pero eso corresponde más al mundo de las emociones y las intuiciones que a aquel que debe ocupar la razón. Tampoco da para grandes alharacas las argumentaciones, pero son algo más coherentes.

Decía en el curso 1962-63 (lo que no deja de tener mérito dado cómo era la España de aquel tiempo) Luís Sánchez Agesta catedrático de Derecho Político de la entonces Universidad Central (todo era central) y lo decía con su muy peculiar acento granadino que monarquía o república era igual, accidental, recuerdo que empleaba esa palabra, que los sustancial era saber si esa monarquía o esa república eran parlamentarias, con representantes elegidos por el pueblo en libertad, o no había parlamento o si lo hubiere (el caso de España entonces) éste fuera orgánico.

Ese accidentalismo al frente de la jefatura del Estado, pienso, ha sido el paradigma que nos ha conducido a tres décadas constitucionales y a una revolucionaria transformación del Estado de central a federal, aunque ese no sea termino estrictamente constitucional, pero parece obvio.

Son, sólo, treinta años constitucionales más los tres anteriores tras la muerte en su cama de hospital del dictador. Quiero decir que no le echamos. Se fue porque se murió, dato este que parece diluirse ahora que andamos recuperando memoria y no es cabal que así acontezca, porque eso que hoy somos: una democracia saludable, nace después de la desaparición física de un dictador que se adueñó de España durante cuarenta años ¡y qué cuarenta años!

EL BREVE

A la cabecera de la Jefatura del Estado accedió un joven varón a quien se adjudicó el calificativo de breve, lo que a estas alturas de su reinado parece un sarcasmo. Se sabe cómo alcanzó tal título, no se hace necesario recordarlo, pero ese monarca absoluto que fue el general Franco decidió adjudicarle el título de sucesor en una sesión extraordinaria de las llamadas Cortes Españoles en 1969, al día siguiente de que la Luna fuera hollada por un ser humano.

En esas Cortes carentes de representación alguna, de legitimidad y siendo la casi totalidad de los procuradores compadres de la causa, hubo votos contrarios a la designación. Personas que en voz alta dijeron no delante del dictador, anciano, pero que mantenía en su mano la jefatura del Estado y aquella del gobierno. Las más claras negativas procedieron de los falangistas más crédulos o más honrados o más utópicos, quienes no creyeron jamás que una guerra contra los rojos suponía la vuelta a España de los borbones, de quienes sólo cabía decir que desde su llegada Gibraltar no era español. Otros votos en contra llegaron de los monárquicos de toda la vida, pero que se avinieron al régimen de Franco complacientes y prósperos, porque hubo otros monárquicos, también de toda la vida, que supieron de la cárcel de Franco, como Bernardo Bernárdez, o que se vieron obligados a irse de España, como el doctor Óscar Bernat, o que pasaron su vida aquí perseguidos, como el padre de los hermanos Milá, y encima hoy nadie se acuerda de ellos. Los fieles a Franco, los procuradores monárquicos que dijeron no, juzgaban que la monarquía es hereditaria y don divino por lo tanto pensaban que si alguien debía suceder a Franco era el exiliado de Estoril, el padre del actual rey a quienes estos monárquicos de toda la vida llaman S.M. Juan III y cuyos despojos aguardan para ser enterrados, sin haber sido rey en vida, en el panteón real del Monasterio de El Escorial, lo que no se si es anticonstitucional, porque Juan Carlos I no está por encima de la ley y su padre no fue Rey.

Ese Jefe del Estado juró las leyes impuestas por el dictador, en noviembre de 1975, ante esas mismas Cortes. Leyes inalterables, por su propia naturaleza. Es verdad, pero asimismo lo es que pronunció un discurso de ruptura con lo plúmbeo y los gris característico de la dictadura, la cual no sólo asesino, encarceló, colonizó mentes, educó en la ley de dios y no dejó resquicio a la libertad, sino que además era un páramo aburrido y triste.

EL DISCURSOSupone ese discurso inaugural la llegada de un nuevo período. En una España sabana intelectual, pero con desarrollo económico evidente, donde se había transformado la geografía humana de la nación, que ya no era rural, sino urbana. Madrid, sin ir más lejos, había pasado de ser una aldea a tener cerca de cuatro millones de habitantes en menos de diez años. Por si algo faltara, el franquismo enroscado en sus propias miserias había negado la mayor en la crisis de 1973, la primera del petróleo, aquella que marca un nuevo rumbo para el mundo y aquí había inflación galopante, pero pleno empleo o casi, porque cuando una empresa fallaba, aunque fuera de porcelana, el INI (Instituto Nacional de Industria) la incluía en su holding de empresas que iban de la siderurgia a la minería pasando por la industria agroalimentaria.

Esa es la España que comienza a caminar tras la muerte del dictador. Una clase media creciente, una generación muy joven que no había vivido la guerra y que se situaba entre los veinticinco y treinta y cinco años, un ejército acostumbrado a obedecer y por eso Franco se encargó de que Juan Carlos fuera militar, dos partidos fuertes y verdaderamente poderosos y meritorios por su trabajo de oposición: el Partido Comunista y el PNV, un sindicalismo vertical agujereado por Comisiones Obreras, una sociedad en marcha organizada en muchos grupos pero muy activa, la catalana y una aspiración unánime de libertad, sin ira, pero libertad. Tan sin ira que en la primeras elecciones democráticas la inmensa mayoría de los escaños democráticamente elegidos por sufragio universal directo y secreto pertenecían a un partido recién nacido UCD y a otro histórico, el PSOE, que renacía, tras cuarenta años de vacaciones, como mordaz recordaría Santiago Carrillo. El elector elegía calma, o si se quiere, prefería el pacto para cambiar, que la abrupta ruptura.

En esas condiciones se hizo, hicimos la generación a la que pertenezco lo que pudimos y tampoco es tan malo, aunque se acepte que en esta vida todo es mejorable. Pedir ahora, quejarse ahora no vale, porque el potencial de los verbos es de una inutilidad manifiesta, porque Aníbal se enamoró y no invadió Roma. Pensar en que habría pasado en el supuesto en el cual Aníbal no se hubiera enamorado, es inútil o el principio de una gran novela. No más.

LIBERTAD SIN IRAAl frente de la Jefatura del Estado, y en consecuencia de esa generación, se halló Juan Carlos, porque le tocó, porque fue hábil, porque se saltó el principio hereditario, porque la familia Franco no logró colar a su candidato, el pobre Alfonso de Borbón, por todo ese cúmulo de circunstancias allí estaba Juan Carlos I. Pese a la amenaza golpista acompañada por un extraño compañero de viaje de nombre Eta, pese a que hubo que afrontar una crisis económica aguda, pese a todo, hemos llegado hasta aquí con sobresaltos, como el golpe de Tejero, con matanzas como la horrible de Atocha, pero aquí estamos. En nuestra vejez, la generacional y esa del Rey, podemos afirmar con orgullo, que somos la primera generación que no ha vivido una guerra asolar nuestra nación, que salvo ese forúnculo que es Eta, resolvemos los problemas hablando. Más, somos la primera generación que ha visto como llegaba al gobierno un socialista con mayoría absoluta, perteneciente a la generación de la democracia y como años después, tras la alternancia, llegaba de nuevo al gobierno de España el PSOE con gente de otra generación. Eso es un éxito en este país que celebra derrotas en sus fiestas autonómicas.

La transformación de España es obra de todos y sólo a escasos hagiógrafos se les ocurre manifestar que fue la tarea de un solo hombre. Ha sido la tarea de todos los hombres y de todas las mujeres, quizá quienes más cambio han experimentado y más derechos han adquirido afortunadamente. Hemos pasado de la nulidad de Rota al divorcio y no parece que percibamos cuanto eso supone.

A la cabeza de la Jefatura del Estado ha permanecido estos últimos treinta y cuatro años la misma persona, Juan Carlos I y lo ha hecho porque mayoritariamente somos juancarlistas o como diría Sánchez Agesta accidentalistas si se me permite la expresión. No somos monárquicos, pero tampoco creo que halla una mayoría consistente que pretenda llevar a la Jefatura del Estado a un presidente de la República, que sería la tercera. Debe ser éste, asunto que nada ocupe en la mente de los ciudadanos de esta vieja nación.

¿Sabe alguien cómo se llama el presidente de la República Federal de Alemania o el de la República de Italia? Las constituciones europeas copiaron el sistema parlamentario británico y por eso tenemos Jefe de Estado y de Gobierno, salvo el francés, los Jefes del Estado de la Unión Europea sirven para inaugurar crisantemos, como diría François Mitterrand, quienes mandan son los jefes de gobierno, que en España recibe el nombre y no es fortuito de Presidente, no primer ministro, no, Presidente. Podríamos hacer como en América y dar todo el poder al Jefe del Estado y se ahorra en presupuesto, pero con el sistema europeo ¿por qué mantener la seguridad de cada ex presidente mientras viva, en lugar de mantener una sola familia?

Evidentemente por salud democrática es mejor que el Jefe del Estado sea electo, claro que habría que saber por quien, si cómo en Alemania o como en Portugal, si por los senadores y diputados o por el muy soberano pueblo. Elijamos la última opción ¿queda para recibir embajadores un presidente electo?.

EL FUTURO IMPERFECTOJuan Carlos I (eligió ese nombre para evitar eso de Juan, porque en la lógica debería ser Juan III, pero estaba su padre. Al fin la corona de Aragón y el Reino de Castilla andaban hermanados porque su último rey de nombre Juan fue el segundo, uno padre de la Católica y otro progenitor de Fernando) tiene un lugar en la historia. El mejor Borbón, sin duda, y el único constitucional. No seré yo quien le critique. En mi opinión es un profesional como la copa un pino.

Diferente es el aspirante a Felipe VI. Los así llamados, salvo el II de tal nombre que fue grande, aunque asuste sólo con pronunciar su nombre, no fueron gran cosa. El primero, que nunca reinó y que pasó a la historia por que su esposa paseó su féretro por las tierras patrias, acabó envenenado porque no se avenía con la líneas de la política internacional de la monarquía de la Españas. El tercero fue un badulaque, el cuarto fue el más galán y mujeriego de los austrias y junto al Conde Duque de Olivares trabajó para bien, pero nos legó al Hechizado. El quinto y hasta el momento último era un desequilibrado que se levantaba deprimido a las ocho de la tarde, solo se animaba al oír el canto de un castrado y despachaba con los ministros de madrugada, quizá por eso está enterrado en el Palacio de la Granja y no en El Escorial. En fin no es buen augurio, llamarse Felipe y ser Rey. También es verdad que aquellos eran absolutos. Cómo también lo es que estéticamente la bandera tricolor es más bella que la bicolor, claro que de himno se anda igual de cojo.

 

 


NO FUE TRILLO, FUE AZNAR

Abril 18, 2009

Acostumbrado por su fé, que sólo lo considera pecado venial,  y conveniencia a mentir con cara de poker y, al tiempo, de cínico Federico Trillo quiere ocultar sus vergüenzas como un buen personaje de Shakespeare, de quien es conocedor. Sus mentiras contumaces ayudadas por los servicios de comunicación del Gobierno al que pertenecía como ministro de Defensa ayudaron a hacer la vida imposible a unas familias que habían visto como sus vidas se rompían, cambiaban bruscamente por culpa de un accidente. En lugar de ayudar a esas víctimas, Federico Trillo tiró del manual de otro autor dramático y actúo como Creonte frente a Antígona. Sus mentiras, además de añadir dolor y sufrimiento a madres, padres, hermanos, esposas o hijos de los fallecidos, contaron con la complicidad de los mandos militares que humillaron, maltrataron a esos familiares, a lo que coadyubaron grupos enteros de militares y sus familias que presionaron, aislaron e insultaron  a quienes habían perdido a sus seres queridos para que abandonaran la busqueda de la verdad. Han sufrido un horror. Abandonados por los compañeros de armas de sus seres más queridos, ha sido un calvario tremendo el padecido por estas personas que ahora ofrecen sus emociones al público, sin poderlas refrenar, lógico, durante la vista oral ¡al fin!. Habrá que convenir, además, que sólo la derrota del PP en las elecciones de 2004 ha hecho posible que parte de los culpables, sólo parte, del desaguisado, del esperpento, de la burla a las víctimas del Yak-42 estén sentados en el banquillo de los acusados.

Federico Trillo no es el único embustero en este suceso que manifiesta el desprecio a unos seres humanos con el afán de acabar pronto con el tramité de enterrarlos y pasar a otro cosa, seguir con los embustes: las armas de destrucción másiva en Irak , las tiritas de petróleo en las playas de Galicia y la más fabulosa: aquella del once de marzo de 2004. Federico Trillo sabe bien porque no tiene razones para dimitir, como sabe bien que quién está sentado en el banquillo de los acusados, ese general que olía a alcohol, según han declarado en la sala de la Audiencia Nacional los forenses turcos, es el chivo expiatorio, la parte más débil del escalón de mando, siempre que no se le ocurra hablar para evitar la cárcel. Federico Trillo no hizo otra cosa que aplicar algo tan militar como la obediencia debida. Al fin el es militar, lo fue del cuerpo jurídico de la Armada hasta que las incompatibilidades le hicieron abandonar algo querido. Trillo obedeció a Aznar, como Ángel Acebes obedeció a Aznar, como Mariano Rajoy obedeció a Aznar: sin discutir. Sólo Rodrigo Rato se atrevió a decir dos veces no, que se sepan, al zar de Castilla-León, al sátrapa de Séptimio Severo, quiero decir de George Bush.

Es la obediencia debida aquella que ampara la conciencia de Federico Trillo, no se siente culpable en absoluto. Por un lado esperaba que apartaran de él semejante cáliz y la verdad que cerca estuvieron gracias a la colaboración desinteresada primero de la jueza Teresa Palacios y posteriormente del juez Fernando Grande-Marlaska, jueces instructores que anduvieron cerca de alcanzar la cifra de días suficientes como para que  llegara  la prescipcion del posible delito. No lo consiguieron porque otros jueces lo impidieron, además de la presión de las familias, que sólo han tenido el apoyo decidido de los progresistas.

El héroe de Perejil bombardedado en los últimos días por su postura caracolesca, por encerrarse en el cascarón lo digo, sabe que nadie en el PP le hará abandonar su puesto de diputado, porque sabe que fue José María Aznar, presidente del Gobierno de España, quien dió la orden perentoria para que los cuerpos de los militares fallecidos llegaran a la hora en punto del funeral, para convertir la tragedia, gracias al dolor televisado en directo en un canto al sufrimiento de los soldados en plena crisis de Irak, porque el accidente tuvo lugar hace seis años, que se dice pronto, sino se piensa un segundo en el dolor de los familiares de los muertos. No disparemos contra el pianista, mentiroso, claro; cobarde, evidente, pero el pianista Federico Trillo obedeció a Aznar, por eso el héroe de Perejil se sabe protegido, por eso y porque es miembro de un respetable partido de derechas, si hubiera sido ministro de un gobierno de izquierdas y hubiera hecho aquello que hizo, su destino habría sido diferente, sin duda. Sus mentiras tienen cobertura y muy grande. Sólo desde la soberbia de un fanático que se pensó predestinado por los dioses, como es el caso de José María Aznar, se puede hacer de la mentira un tratado de teoría política. En el caso del Yak-42 ocultando todas las pruebas que evitaran mostrar que hubo engaño a los familiares de la víctimas. En la guerra de Irak jurando que había unas armas, que hasta el inventor de la guerra ha aceptado que no hubo. En el 11-M obligando a Ángel Acebes y a la seguridad del Estado a contar una milonga intolerable, claro que esto último lo pagó perdiendo unas elecciones, porque no las perdió Mariano Rajoy.

Desde la solidaridad más profunda y sincera hacia unas familias que han sufrido lo inenarrable, creo que hay que cambiar la dirección del tiro para dar en la diana acertada: ¡62 en formación entra el ex presidente Aznar!


DON PEDRO SOLBES MIRA

Abril 11, 2009

Este país dado al insulto zafio, al desprecio arbitrario, dispuesto a no reconocer jamás la virtudes ajenas, se olvida de ejercer la crítica excesiva e incontenible, plagada de descalificaciones y demás difamaciones, cuando la persona zaherida cae. En ese instante del adiós, el individuo atacado deviene seráfico y benéfico. Lástima que nos neguemos a admirar a quien triunfa y pensemos que es advenedizo, inútil y, en toda circunstancia, tonto de baba. Obvio resulta escribirlo, pero es notorio hasta donde alcanzan los calificativos despectivos si el individuo criticado es mujer. Hay, en contadas oportunidades, excepciones que vienen a confirmar la regla. Hay hombres y mujeres que son vejados escasamente para su fortuna y mérito. Piensa, el autor de estas líneas, que Don Pedro Solbes Mira es uno de eso afortunados y, sin duda, lo tiene ganado a pulso.

En la Roma republicana habría recorrido el cursus honorem de manera intachable, porque don Pedro es un self-made-man. Alcanzó la cúspide por su propio esfuerzo y virtud. Funcionario por oposición, primero del cuerpo de correos y con posterioridad miembro de uno de los cuerpos de elite de la Administración del Estado: Técnico Comercial. Hay en España muchos más funcionarios probos y leales al estado por encima de cualquiera de sus personales e intimas convicciones, pero don Pedro debe ser, si la memoria del autor de esta bitácora es correcta, el único que ha alcanzado una vicepresidencia del gobierno de la nación y sin tener carné partidario. Su mesura y su carácter le abrieron puertas entre los integrantes del magnífico equipo (algún día habrá que agradecérselo a todos ellos) que negoció la entrada de España en las Comunidades. No era fácil destacar no siendo diplomático de carrera y don Pedro descolló. En la fase final, los años de Manuel Marín al frente de la secretaría de Estado para Europa y de Fernando Morán como ministro de Asuntos Exteriores, don Pedro, devino persona insustituible por sus conocimientos y dotes. Su eficacia condujo a Felipe González a designarle secretario de Estado de Relaciones con las Comunidades. Se convirtió en sucesor de Manuel Marín contra la opinión de éste. Los diplomáticos tenían como ministro desde julio de 1985 a un inspector de Hacienda, Francisco Fernández Ordóñez, con lo que las relaciones entre ministro y secretario de Estado fueron espléndidas.

 El trabajo bien hecho, la alta estima de la que disfrutaba entre sus homólogos europeos su dignidad y convicciones condujeron a Felipe González a nombrar a don Pedro ministro de Agricultura, Pesca y Alimentación para que ocupara el lugar de Carlos Romero uno de los ministros más honestos que ha tenido España desde que existen carteras ministeriales. Don Pedro puso orden en algunos desarreglos entre España y las comunidades en particular en el muy complicado tema de las cuotas lecheras. Posiblemente hoy en el olvido, pero que en su día, dio mucho trabajo y algún quebradero de cabeza a este hombre impasible y sereno, que sólo dejaba entrever ira y tensiones cuando el nervio facial de lado izquierdo se enrabietaba y, a veces, le dejaba sin habla por el dolor. Jamás se quejó. Siempre con el trabajo bien hecho ocupó en la época más complicada de los años González la cartera de Economía y Hacienda en sustitución de un animal político ilimitado: Carlos Solchaga.

En estos días, acuciados por la gravedad de la situación económica, han quedado en el olvido los sucesos de septiembre de 1992, la salida de Gran Bretaña del SME (Sistema Monetario Europeo) y las imparables devaluaciones que cerca estuvieron de terminar con la existencia del ECU. En agosto de 1993 cuando asistíamos a uno de esos seísmos económicos que según los medios de comunicación anunciaba el fin del universo, entre los doce salvadores, que evitaron la debacle, se encontraba don Pedro quien fue el artífice del llamado baile de monedas dentro del SME, que se mantuvo y fue un éxito, aunque pareciese increíble en aquel período. Claro que ese no fue el hito mayor de don Pedro en aquel año, porque el 28 de diciembre del mismo 1993 convenció a Felipe González de la necesidad imperiosa de poner coto a los desmanes financieros de Mario Conde. Don Pedro se vio acompañado en la tarea por otro hombre impagable: el doctor Luís Ángel Rojo a la sazón gobernador del Banco de España. Este parado con blog tiene la convicción y la seguridad que sin esa pareja formada por don Pedro y el doctor Rojo no se habría afrontado el problema Banesto con la valentía que se hizo. Más, cree el autor de esta bitácora, que con Carlos Solchaga al frente del ministerio y con Mariano Rubio como gobernador del banco central el porvenir de Banesto habría sido otro muy distinto, no obstante y sin duda ese es otro asunto. Don Pedro puso las bases para que Rodrigo Rato cumpliera con los requisitos del mal llamado Tratado de Maastricht y así lo reconocieron sus pares, cuando al final de la cumbre de diciembre de 1995 en Madrid, le ovacionaron puesto en pie. Don Pedro lograba que el Euro fuera el nombre de la moneda única. Junto a su bien hacer como ministro existe un lado humano digno de elogio. Don Pedro es capaz de interrumpir un saludo protocolario para interesarse por la salud de un periodista y esa es virtud destacable. Lo más reciente es conocido incluido que era don Pedro, como no podía ser de otra forma, el comisario de Asuntos Económicos de la Comisión en Bruselas quien comprobó desde ese puesto como el euro moneda y billete pasaba de los virtual a lo real en enero de 2002.

Ahora se ha ido posiblemente abrumado, cansado y aturdido, pero fiel al presidente del gobierno, José Luís Rodríguez Zapatero que le puso de nuevo al frente de la Economía y Hacienda de España, nación a la que condujo al superávit que sin duda ha paliado la grave situación que atraviesa la economía hispana. Ortodoxo hasta la rigidez, posiblemente como magnífico funcionario, ha tenido que dar un paso atrás, pero no hay duda que tiene un lugar en la historia de España, que de sus cortas frases se sacarán sentencias en un futuro inmediato y que siempre gozara de la estima de éste bloguero.


LA TENTACION TOTALITARIA

Abril 5, 2009

El reportero gráfico de Telemadrid que rodó, cumpliendo así con su obligación profesional, las imágenes de Esperanza Aguirre durante su paseo por la ciudad de Madrid la noche del teatro, debe estar pasando unos malos momentos. Por norma, sin duda habrá excepciones, quienes se encargan de filmar/grabar a los lideres suelen ser los mismos con el fin de que mandatarios y servicios de seguridad conozcan a quien está tras la cámara. No afirmaré, sencillamente porque lo desconozco, que el reportero que grabó los insultos de los comediantes a Esperanza Aguirre, fuera el mismo que cayó con ella del helicóptero en Móstoles , pero es muy probable que así haya sido. Este profesional ha visto, en primer lugar, como su trabajo era maltratado impunemente al afirmar sus superiores que era de baja calidad, en segundo lugar, ha sido gravemente perjudicado en sus intereses cuando se corrige el intento primero de ningunearle y se indica que se ha perdido la grabación. En consecuencia o es un mal profesional que no rueda bien o un incapaz porque pierde su trabajo. Tremendo, porque tremenda es la censura, toda censura, toda manipulación y cuanto sucede en Telemadrid es desmedido, excesivo, lamentable y tremendo. Tremendo que sus mejores profesionales hayan huido, tremendo que se ignore la realidad y, lo peor que eso suceda en una emisora que durante los mandatos de Joaquín Leguina y Alberto Ruiz Gallardón fue un ejemplo inmaculado de Televisión pública, lo más parecido a la BBC que ha habido en España hasta la actual TVE.

Pensar que Francisco Giménez Alemán, el paradigma de lo que debe ser un director general de una Televisión pública, emitió en directo las manifestaciones contra la guerra de Irak, porque esa era su obligación de periodista y ahora se censuren unos insultos a la presidente de la Comunidad de Madrid es tremendo.

Existe en Esperanza Aguirre y sus consejeros más próximos, su guardia pretoriana, una tendencia al totalitarismo oculta bajo una cínica capa de liberalismo. Los liberales no temen la libertad de expresión y eso lo ignora olímpicamente Esperanza Aguirre.

A esta ambiocioisíma mujer, que no se corta los más mínimo a la hora de vilipendiar de forma chulesca a quienes a ella se oponen, ya sea en un hospital o en una conferencia de prensa, que convierte en un triunfo mediático un acto de cobardía supina como es huir de la India, cuando en ese momento y en ese lugar era la mayor representante de España, que transforma una comisión de investigación parlamentaria en un acto de afirmación de su persona, no hay quien la frene. Quiere ser la primera mujer presidente del gobierno de España y no quiere que nada ni nadie impida su objetivo. Tiene una amplia y selecta corte de aduladores. Incluso quienes jamás la votarían, como es el caso del autor de esta bitácora, admiramos su fuerza como líder, como posiblemente no tenga, a día de hoy, otro político en España.

Ese cúmulo de aciertos y desaciertos convertido siempre en actos positivos hacen de ella un heroína, que no encuentra barreras en su camino. Como todo ser humano tiene su talón e Aquiles, es de suponer que Esperanza Aguirre lo tenga y sus desvaríos totalitarios se perciban alguna vez, aunque con la infructuosa oposición que tiene en Madrid eso, tardará unas décadas.

La censura férrea que ejerce sobre la emisora que canta sus excelencias, la ausencia de pluralidad en una televisión que fue plural desde su nacimiento, son la prueba del nueve de una tentación totalitaria que da pavor. El monocultivo nunca ha dado resultados a largo plazo, pero a una mujer como Esperanza Aguirre,

asomada a los sesenta años, el largo y el medio plazo le importa un comino. Es el corto su única meta para barrer a Mariano Rajoy del mapa y ser ella la cabeza de lista del PP por Madrid en las próximas elecciones legislativas. Y debe admitir, el autor de esta bitácora, con sorpresa y admiración que todo le sale a pedir de boca, que como un hada madrina convierte calabazas en carrozas y si convocara elecciones en la Comunidad de Madrid ganaría, una vez más, de calle. Esperanza Aguirre gusta a los suyos, porque manda, porque es segura, porque es como una madre, porque es atractiva, porque tiene desparpajo, porque se pone una minifalda o porque es la como la Venus de las pieles. Esa seguridad temeraria que posee es su mejor carta de presentación, hasta que su talante totalitario y censor no suba en la consideración de los madrileños.