Entre las calumnias, falsedades y maledicencias que se han dicho y escrito sobre el Presidente del Gobierno de España, José Luís Rodríguez Zapatero, desde el día mismo que los españoles decidimos que ganará unas elecciones, aquella que reza que el jefe del gobierno rompe España se ha extendido como mancha de aceite, hasta el punto de ser compartida por señalados miembros del PSOE como Joaquín Leguina. Y por eso, aunque no únicamente, ha triunfado el PP en Galicia. Cierto que allí ha ganado siempre, cierto que lo sucedido hace cuatro años se puede considerar como excepción, no obstante ha quedado de manifiesto que existe una mayoría de votantes en toda España que no quiere perder el castellano como lengua vehicular y que toma cualquier avance de la lengua autóctona como un ataque a la nación española.
En el País Vasco no hace falta más que observar los resultados para saber que también allí ha ganado España y que el PP ha salido de su crisis más aguda y más publicada con bien, por no escribir con excelencia, porque no ha notado la ausencia de María San Gil. De los resultados electorales se desprende asimismo que los electores vascos han perdido el miedo, lo cual es muy saludable en democracia y que estaban ciertamente cansados de los proyectos utópicos del aún lehendakari Juan José Ibarretxe.Imposible un nuevo plan a partir de ahora, por elemental conformación del Parlamento Vasco.
La realidad que tiene enfrente José Luís Rodríguez Zapatero es oclusiva, labial y sorda. (Antes de seguir despejaré una duda. Sé bien que unas elecciones autonómicas son unas elecciones autonómicas y que no se pueden hacer extrapolaciones y resto de retahíla al uso en estos y parecidos casos, como será el resultado que se produzca en la elecciones al parlamento europeo. Despejada quede la duda si la hubiere habido. Proseguiré)
Asentado en su levedad, Mariano Rajoy es el verdadero triunfador, ante las corruptelas por las que emergen sus enemigos dentro del PP y por el éxito de su apuesta personal: Alberto Núñez Feijoo. Sus mensajes calan en la opinión publica, su pueblo, el pueblo de derechas es montaraz, leal, fiel y poco amigo de aceptar que los corruptos sean del partido que votan. Tal no sucede en el pueblo de izquierdas, donde se deja de votar porque se barrunta que Emilio Pérez Touriño gastó en suntuosidades más de lo permisible y en época mala, muy mala para la clase trabajadora, que se supone es la votante del saliente presidente de la Xunta. Por no mencionar la torpeza incalculable de Mariano Fernández Bermejo, quien logró que el abnegado pueblo de izquierdas recordara las cacerías del dictador o aquella singular película de Luís García Berlanga titulada “La escopeta nacional“, donde Luís Escobar coleccionaba vellos de pubis de las cazadoras. La derecha habría perdonado, la izquierda jamás y se ha pagado caro. El pueblo de derechas es sordo y oclusivo ante los males de su partido y éste ha surgido del primero de marzo muy poderoso. Es una máquina que funciona y no parece que pueda decirse lo mismo del PSOE. La verdad es que no puede decirse desde que Alfonso Guerra dejó de estar en la cocina. A eso quien no debe ser sordo ni oclusivo es el líder único del PSOE.Perder en Galicia no es el peor de los males, el riesgo mayor lo corre Rodríguez Zapatero y su partido en aquello que acontezca en el País Vasco. Con Patxi López devenido lehendakari el PSOE carecerá de mayoría para aprobar los presupuestos generales del Estado de aquí al termino de la legislatura y deberán ser tres los presupuestos a porponer, a no ser que, fallando la matemática, Rodríguez Zapatero se vea en la obligación de anticipar elecciones. Ese es el gran dilema del socialismo español y de sus dirigentes.
No creo que mi opinión añada nada a las decisiones de Patxi López, pero creo que es bueno un cambio en el País Vasco, a lo mejor ganamos todos con ello, aunque el gobierno de Rodríguez Zapatero se quede sin apoyos en las Cortes Generales. Claro que siempre queda el as en la manga de Antoni Durán i Lleida y sus irrefrenables apetencias por devenir ministro de Asuntos Exteriores de España. Puede que no lo hiciera mejor que Miguel Ángel Moratinos, pero seguro que lo explicaría estupendamente y garantizaría, por añadidura, paz en el ejecutivo hasta dos mil doce.