OBAMA Y LOS PAPAGAYOS

Enero 31, 2009

Es evidente, como una profecía bíblica, que si se escribe con asiduidad acabase por redundar, repetir, volver a lo tratado, mas debe ser consecuencia del oficio de redactar. Resulta que, días después de la elección del nuevo emperador, publiqué un artículo denominado OBAMA Y LOS DINOSAURIOS inducido por la precipitada necesidad de apuntarse al carro de la renovación que, sin duda, aporta la llegada de Barak Obama a la jefatura del imperio. Como si la magia se pudiera repartir gracias a los autores de discursos y otros creadores de imagen han surgido imitadores por doquier. En el citado artículo se hablaba de dinosaurios chilenos, ahora que uno de ellos el ex presidente Frei parece que se hace con los mandos de la coalición en el poder, no está de más posar la vista por otros dinosaurios que, cual papagayos desean y tal vez necesiten asemejarse al nuevo inquilino de la Casa Blanca, para resurgir y presentarse, pese a su antigüedad, como algo nuevo e ilusionante.

Parece difícil que se pueda caer en tamaño error, pero tal acontece y no sólo en el caso chileno, sino en el Reino de España. Mariano Rajoy, conocido por su afición a las derrotas, pretende ser el Obama español, lo que lleva a pensar que quizá alguien ande un poco perdido en las cercanías del presidente, que no líder, del Partido Popular.

Barak Obama es nuevo en todo, Rajoy es más bien un odre viejo y eso deberían saberlo en un partido tan importante y tan necesario para la democracia española. Los discursos al estilo Obama no son para el registrador de la propiedad, más bien son otros los mensajes que sus bases, sólidas, quieren escuchar. Decir que quiere ser como Obama es un sarcasmo burdo.

A Rajoy, como también está escrito en este blog, le mantiene vivo su levedad y la ausencia de alternativas y eso los sabe bien el presidente del PP, porque tonto no es, ni masoquista, nadie se acostumbra al ataque diario, por muy ambicioso que sea. Rajoy no tiene sustituto. Madrid, en la España de las autonomías, es una parte del todo, exactamente igual que las demás. Los dirigentes del PP en Madrid están, de cara al resto del Reino, en peores condiciones que Rajoy. Las tensiones internas le fortalecen, sin necesidad de presentarse como el Obama hispano.

No parece que las soluciones o las alternativas provengan del pasado, en el partido conservador británico hicieron tal y hasta que llegó el actual líder sin pasado no recuperó presencia. La crisis provocada por los espías ha dañado mucho a Esperanza Aguirre, pero también al alcalde de Madrid y eso le abre la puerta de la tranquilidad al hombre que maneja los tiempos: Mariano Rajoy, sobre todo si se olvida de ser Obama, porque si con ello quiere ampliar su electorado va servido. Nadie olvidará fácilmente que estuvo a favor de manera militante de la guerra de Irak, era vicepresidente en el gobierno que nos metió en esa absurda guerra. Transitar del halago hasta la doblez a Bush para devenir el Obama español es tarea más ardua, que resolver la trama del espionaje.


CATALINA DE MEDICIS Y EL ESPIONAJE CIENTÍFICO

Enero 24, 2009
Espiar es, en verdad, el oficio más antiguo del mundo. Ya existía cuando el homo – seguramente aún no sapiens del todo- golpeaba una piedra con otra para hacer un bifaz, no obstante fue Catalina de Médicis, reina de Francia, quien elevó el espionaje a ciencia matemática. Catalina de Médicis, madre de tres reyes (Francisco II, Carlos IX y Enrique III, de Francia) y una reina (Isabel de España) fue una pionera en casi todo, desde aceptar consejos médicos para adoptar la mejor postura para tener hijos tras la coyunda con su señor marido Enrique II, hasta colocarse una bragas para evitar que la reina quedara en permanente exhibición cuando montaba a caballo momento cumbre porque, con anterioridad, las damas de la corte no llevaban calzón alguno. Por supuesto atravesó una de los períodos más decadentes y convulsos de la historia de Francia en la segunda mitad del siglo XVI.
Para controlar el poder, además de tener un adivino de cabecera del calibre de Nostradamus (ésta es otra afición de los dirigentes políticos del mundo, tener un adivino cerca, recuérdese a César en los idus de marzo, que es asunto que todavía no ocupa portadas, pero todo se andará) Catalina de Médicis montó un batallón femenino de espías. Hermosas mujeres que seducían para saber que hacían protestantes, católicos, militares y demás civiles. Ellas informaban con prontitud y esmero a la reina que las casaba bien como premio o las eliminaba como castigo. Se ve que los hombres sufren incontinencia verbal cuando están en la cama con “fembra placentera”, ejemplos hay cantidad, pero baste con la historia de Christine Keeler, quien obligó a dejar la política al ministro de defensa británico John Profumo en los años sesenta del pasado siglo, porque le relataba, tras los pertinente gozos, secretos que ella transmitía a los espías de la URSS.

Parece que los tiempos de las mujeres espías han pasado de moda, que ahora se lleva la alta tecnología, la furgoneta cargada de audífonos y cámaras, aunque nunca se sabe, lo mismo aún aparecen informes con falda. Narra una leyenda urbana que en tiempos no muy pretéritos, aunque pasados un empresario de la comunicación observó que se conocía cuanto hacia, que incluso existían informes de sus actividades redactados por el servicio de inteligencia. Se lo contó un buen día a su novia y asegura la muy urbana leyenda que ella le dijo: “como no va a ver informes sí los redacto yo”.

La tecnología se ha impuesto al abrazo tierno, lo que no deja de ser una lástima, era más lúdico. Ahora todo es frío y mecánico, distante. Tan distante que cuanto acontece en realidad, da la impresión que le sucede a otro. Cuando Francisco Granados, protagonista muy a su pesar -se supone- de una cuando menos rocambolesca y enternecedora historia, sale a desmentir el entuerto que llena los espacios de este gélido enero, aplica las técnicas del distanciamiento que recomendaba a sus actores Bertolt Brecht. Esto es una trama, asegura con ese rostro embutido en gafas que recuerda a Lavrenti Beria, salvadas sean todas las distancias, porque también este caso puede resultar odiosa la comparación, pero las gafas les unen, así como -si la historia que llena tertulias y mentideros anda acertada- una pasión colosal por conocer las debilidades del adversario político, que sin duda alguna en el caso de Francisco Granados es adversario y no enemigo como lo era en el caso de Beria.

A Francisco Granados le pasan mucha cosas, entre otras que le quemen un coche y nadie averigüe las razones, ni los autores, posiblemente porque es un hombre muy poderoso y eso no suele agradar a otros seres omnipotentes. Es probable que su resistible ascensión, fulminante tras presidir la comisión de investigación de la Asamblea de Madrid sobre la compra venta de escaños, le esté pasando factura. Como animal político sabe dos cosas, primera: que quien resiste gana y como no aparezcan más espiados o espiadores resistirá; segunda: que en estos tiempos de celeridad, una noticia no dura un mes, así que uno se guarece dentro hasta que amaine la tormenta.

Francisco Granados asegura que la historia no va contra él, que es un asunto de caza mayor. Es, en ese instante, cuando el todopoderoso Consejero de Presidencia, Justicia e Interior de la Comunidad de Madrid y secretario general del Partido Popular en la misma comunidad autónoma más se aproxima a la verdad. Se busca el cogote de Esperanza Aguirre, no hay que ser un lince para aseverar tal aserto. Se busca porque ha aceptado el federalismo como norma para regir el Estado, pecado de lesa majestad en el PP, al salir tan feliz y contenta de Moncloa tras su encuentro con el presidente del Gobierno con la financiación como supuesto y único monotema. Claro que éste es sólo su último pecado, aunque el más concluyente. Acostumbrada a flotar con viento en popa y a toda vela, se averiguara su verdadera capacidad de dirigente en esta navegación con viento en contra en proa y a estribor y babor. De ella depende y lo sabe. Quizá pronto conozcamos otras andanzas y andantes de ese mismo Madrid crisol de las Españas

 

 


RAMON CALDERON Y OTROS DERROTADOS

Enero 16, 2009

El ya ex presidente del Real Madrid es un personaje calderoniano y no porque su apellido así lo indique. Sólo una duda me embarga,  no acaba de saber este  parado con blog si Ramón Calderon es Pedro Crespo  Alcalde de Zalamea o el príncipe Segismundo de La Vida es sueño. No se si a estas alturas ya sin la orla de presidente recita 

“¡Ay,mísero de mi, y ay infelice!

apurar,cielos pretendo,

ya que me tratáis así qué delito cometí

contra vosotros naciendo” 

como haría Segismundio o como un Pedro Crespo enfurecido clama

Con mi hacienda;

Pero con mi fama, no;

Al Rey, la hacienda y la vida

Se ha de dar; pero el honor

Y el alma solo es de Dios

En realidad cualquier cita es válida, por algo don Pedro Calderón de la Barca es probablemente nuestro mejor autor dramático.

Un hombre, Ramón Calderón, enfrentado a  los poderes reales desde el mismo día que alcanzó el sillón presidencial del primer club del mundo es un personaje de tragedia, sin duda. Un hombre llegado al poder por un acierto de leguleyo es también un personaje de comedia de enredo. Por eso, porque es un actor que jamás ha encontrado autor, no le ha servido de nada, como presidente del Real Madrid, conseguir dos títulos de Liga consecutivos, tras cuatro años de sequía. Se va por acoso de quienes se vieron privados del poder por su argucia de abogado para impedir que un puñado de votos, todos ellos emitidos por correo, no fueran contados. Quería ser presidente de una entidad importante lo fue, quería ser famoso, lo ha sido, pero le han podido los más fuertes y los aliados usados para la operación de acoso, e indubitable es, de derribo.

Se marcha derrotado y con la sospecha de que es un tramposo. Manchado por una asamblea de bochorno,  por errores indignos del Real Madrid, pero también se va por haber impedido que los partidos del club que dirigía fueran televisados por operador diferente a Canal Plus-Audiovisual Sport, pese a a haber  firmado un contrato millonario con otra productora: Mediapro, la guerra del fútbol . Y este es su error esencial: aliarse con el Grupo Prisa le ha llevado a la dimisión y a la soledad del perdedor de fondo,  pero su derrota es también la del Grupo Prisa, que ignoró la noticia cuando salió, que le defendió hasta el último momento. Prefirio, Ramón Calderon, dada la potencia y la fuerza de sus enemigos, entre ellos un ex ministro de Franco, aliarse con otra potencia el Grupo Prisa, para sobrevivir, para soportar la lluvia que le ha caído desde su llegada al poder, pero no le ha servido.  Atacado por una alianza extraña, como es la formada por un lado por la Sexta Televisión y  Público, entre cuyos accionistas están los dueños de Mediapro y por el otro Marca, El Mundo y la COPE ha tenido que decir adios. Eligió mal en su apuesta televisiva. Se equivocó, mucho más que dando rienda suelta a su incontinencia verbal y anunciando fichajes que nunca fueron. Se equivocó, porque  los tiempos del deporte en  televisión no indican que sea el Grupo Prisa el sendero más aconsejable y lo ha pagado, junto con sus errores claro, de bulto por supuesto, pero su yerro fundamental el principio de todos los males, es no apoyar que el futbol  gratis. Por eso en su caída y derrota arrastra a los medios del Grupo Prisa. Llevan estos años atacando por tierra, mar y aire al presidente de la Fedración Española de Fútbol, Ángel Villar,  incluso se han inventado candidatos alternativos para acabar con la presidencia de Villar y no han podido con él. Ahí sigue Villar. Sin embargo el director de Marca, quien según la leyenda urbana manifestó: “Dice Calderón que será presidente del Madrid hasta que Dios quiera, pero no se ha dado cuenta que dios soy yo”. El director de Marca dejo de querer a Ramón Calderón y ha sido el adalid de su marcha.  No es Dios el director de Marca, pero ha sido el artífice de la derrota.

Y por si fuera poco, que diría un madridista cerrado, el presidente del gobierno es del Barça.  Así no puede ser.

 


SANTOS MIRASIERRA, HEROE. BANDIDO

Enero 9, 2009
A modo de prefacio habría que escribir lo obvio: Santos Mirasierra es extremeño. Nacido fuera, pero extremeño. Nacido fuera, porque sus padres tuvieron que irse a trabajar fuera de una España en dictadura y en desarrollo gracias, en gran medida, a los envíos que llegaban de aquellos españoles, que como los padres de Santos Miasierra, tuvieron que marcharse al extranjero para trabajar y comer. Es bueno recordarlo, ahora que perdida la memoria, consumidos en lo nuevo que sucede a lo más nuevo hasta alcanzar los novísimo para que, a su vez, sea superado por la novedad. Es bueno recordarlo, ahora que tenemos nuevos españoles entre nosotros y que no somos nosotros, los españoles, quienes tenemos que irnos, por ejemplo a Francia para ganarnos el pan.

Sin salirnos del prólogo sería bueno aproximarse a Marsella, con sus veintiséis siglos de antigüedad y existencia, puerto de mar fundado por atenienses, que ha servido de punto de llegada a cantidad de seres humanos. Desde tropas romanas que utilizaban, a partir de Marsella, la doble vía fluvial Rodano-Rin para llegar a Albión, hasta de punto de salida para cruzados niños. Ahora es un ciudad multiétnica como pocas. Sus habitantes que, con el francés como lingua franca, hablan otros muchos y diferentes idiomas y practican distintas religiones, aglutinan su sentir, como punto común, sean cuales sean sus raíces, alegrándose o lamentando los éxitos o los fracasos del Olympique de Marseille. Si el F.C. Barcelona es algo más que un club, el O.M. no le va a la zaga. Para evitar su desaparición han intervenido alcaldes de todas las tendencias. Su momento de gloria, también su mayor, ocaso lo alcanzó de la mano de un peculiar personaje, que llegó a ser ministro de Francia, llamado Bernard Tapie. Era él, el presidente del club, cuando el O.M. logró la gloria al conquistar la Copa de Europa en Lisboa ante el A.C. Milán en la temporada 1992-93. Título, este campeón de Europa de clubes, que es el único equipo francés que lo ha logrado. Poco tiempo después se descubrió que Bernard Tapie o la gente de su confianza en el club ganaban títulos, pero también compraban partidos. El descubrimiento le costó la cárcel al presidente-político y el descenso a segunda división al OM.

Terminado el proemio, extenso, pero necesario sean analizadas las causas y consecuencias que llevaron a la fama y a la cárcel a Santos Mirasierra, para saber, tras la observación de los datos, si el hermano de Lucila – allá donde nació en la provincia de Cáceres sólo se conocen tres mujeres de tal nombre en dos generaciones- es bandido o héroe, aunque al final resulte que tan sólo es un aficionado al fútbol, un hombre de treinta y cuatro años.

Dadas las circunstancias que rodean al O. M. es improbable y hartamente complejo deducir que los hinchas (Odio, encono o enemistad dice la Real Academia de la Lengua que significa la palabra hincha en sus primera acepción) en su sentido más peyorativo y negativo, del conjunto marsellés sean de ultraderecha, como sucede con la mayoría de los ultra que siguen a los equipos, pagados la mayor parte de las veces por los propios clubes. (El presidente del Real Madrid los acaba de usar como agitadores en la última asamblea). Entre los símbolos que exhibieron el día que Santos Mirasierra saltó a la fama, no estaba la bandera de los confederados del sur, que eran esclavistas y fueron derrotados en la guerra de secesión de los Estados Unidos. Esa bandera une a los hinchas más recalcitrantes, apasionados y violentos de las gradas europeas. No se ven, en las imágenes de los sucesos que acabaron con los huesos de Santos Mirasierra en la cárcel, esas banderas, ni tampoco esvásticas ni otros símbolos racistas o xenófobos. Escrito lo cual no queda descartado, en lo absoluto, que los hinchas del O.M. aunque no ultraderechistas, ni fascistas, sean apasionados, gritones, guerreros y folloneros o extremistas. Tampoco se les exculpa de lo sucedido en el Manzanares, pero sí es deseable poner a cada hincha en su lugar descanso.

Los irritables aficionados del O.M. traídos a Madrid, con toda posibilidad gracias a las arcas del club o del municipio marsellés, utilizaron otros símbolos que ni la Ley Contra la Violencia, el Racismo, la Xenofobia y la Intolerancia en el Deporte de 2007 considera susceptibles de incurrir en falta. No obstante ello, fue un símbolo, una calavera, seguramente corsaria, de esas que triunfaron en el Mediterráneo durante siglos, lo que originó el protagonismo de Santos Mirasierra.

La ley vino a cubrir un gran vacío. Su inexistencia hizo que no fueran juzgados con la misma severidad los autores de palizas a periodistas de TVE en Valencia o Sevilla, ni tampoco a los aficionados sevillanos que apalearon a un guardia jurado en el Estadio Sánchez Pizjuan, citados como ejemplos, porque hubo más, como una cabeza de cerdo en el Nou Camp. La ley era pues necesaria y Santos Mirasierra se ha topado con ella, como don Quijote con la Iglesia.

Todo indica, señala y determina que Santos Mirasierra era el hombre equivocado en el lugar inexacto. En el follón (alboroto, discusión tumultuosa, según el diccionario de la RAE) del Manzanares, Estadio Vicente Calderón, Santos Mirasierra es, ante todo y sobre todo, el intermediario, el interprete, el ciudadano que la policía, española, entiende. Santos Mirasierra es, dicen en la villa natal de sus padres y de su hermana Lucila un buen rapaz, al que gusta de pasearse por allí en los veranos. Tan buen rapaz que el pueblo se movilizó entero para que su estancia en la cárcel no fuera tan horrorosa como puede ser una prisión.

Santos Mirasierra no lanza la silla famosa, al menos no hay ninguna imagen que así lo indique, ni una. Santos Mirasierra acudió al lugar del follón a mediar entre la policía y los hinchas, porque el habla español y francés. Ese es su principal error, lo que conduce a un sentencia, aún no firme, por eso está en libertad bajo fianza, de tres años.

De ahí en adelante cualquier juicio de valor es asumible, porque condenar la violencia en los estadios de fútbol es necesario, pero no sólo: hay que erradicarla. Es intolerable, pero Santos Mirasierra es el acusado, convicto, más baladí (de poca importancia según el diccionario de la RAE) de los posibles.

Cierto que hubo lío. Cierto que la UEFA del francés de origen italiano Michel Platini se pasó con las condenas al Atlético de Madrid. Cierto que los hinchas del O.M. se fueron de órbita amenazando a los aficionados rojiblancos. Más parece que había una conspiración contra el Atlético de Madrid para que alcanzara los octavos de final de la Liga de Campeones el francés O.M., que Santos Mirasierra sea un hincha descerebrado. Es verdad que la coleta en un hombre no ayuda mucho para privarle del calificativo de descerebrado con el que ha sido calificado, ni a ser detenido por la policía, ni a que el día que salió en libertad previo pago de fianza en alguna onda radiofónica, no precisamente reaccionaria, se afirmara con desmesura y sin tino que había sido el afán de Rodríguez Zapatero por asistir al G-8, lo que había proporcionado la libertad del ciudadano extremeño Santos Mirasierra, además de asegurar que esa puesta en libertad dejaba al juzgado que lo condenó en ridículo. Por opinar, que no quede y por desconocer incluso que falta la sentencia firme que en su día pronunciará el Tribunal Supremo y ya veremos entonces.

Mientras lo vemos, Santos Mirasierra ha vuelto a las gradas del estadio marsellés y es de esperar que regrese con sus padres y su hermana Lucila por Extremadura. La madre de Santos agradeció en perfecto extremeño a toda Francia el esfuerzo realizado para conseguir la vuelta de su hijo a casa. Dijo: “ A toda Francia, muchas mersis, muchas mersis”. En perfecto extremeño, ya escribo.

Se llega así al epílogo para afirmar que no se puede juzgar a la ligera, que no se pueden confundir a los hinchas apasionados aunque en su mayoría sean fascistas, racistas y xenófobos, pero no es el caso del O.M. Su presidente es negro y de origen senegalés. Tampoco se puede recibir a un convicto de tumulto como a un héroe y salir de la cárcel para ser transportado en avión privado. Todo un sin sentido protagonizado por todo un personaje digno de Eurípides: Santos Mirasierra, el hombre que estaba en el sitio equivocado el día peor.

 


ROUCO Y SUS HERMANOS

Enero 2, 2009

Casi como en la película de Luchino Visconti, protagonizada por Alain Delon y Claudia Cardinale,  Rocco y sus hermanos (1960), el arzobispo Rouco Varela ha renunciado a todo, en particular al apoyo del PP para llevar gente a la madrileña plaza de Colón, con tal de hacer un canto a la familia patriarcal, por supuesto. En la película, Rocco renuncia al amor de Nadia para mantener unida a la familia. Rouco y sus hermanos en la fe en su segunda convocatoria de manifestación, esta vez  el día de los Inocentes de 2008, han renunciado a la política (es un decir, más bien a los políticos) con tal de mantener vivo el espíritu de la familia. Con ello Rouco ha demostrado que le gusta salir a la calle a decir misa. Será que las iglesias están vacias y sólo el seis por ciento de los católicos afirma que cumple con el tercer mandamiento. Rouco se va a la calle  para orar por la familia patriarcal, piadosa y bienpensante. Allí, todos juntos, aunque menos que en 2007,  oran, que es elevar el corazón hacia dios y pedirle mercedes. No el coche de ese nombre, aunque también pese a  que estén muy caros (seguro que por culpa de Zapatero)  y de paso, por rezar que no quede, pedir que le quiten la herencia a algún hermano no tan católico como el visitante de Colón o al menos que los padres lo deshereden.

La renuncia del arzobispo Rouco al apoyo del PP, tan aparente como metódica y bien planificada por ese aspirante a Maquiavelo que es el jesuita Martínez Camino (debería marcharse de la Compañía de Jesús como pedagogía) le ha obligado a renunciar a las grandes masas. Anunciaban sus voceros que se reunirían en Madrid más de dos millones de personas. Los más adictos a la causa,  celebrado el acto han bajado la cifra al medio millón. Los hay que estando a favor de Rouco y sus hermanos,  dado el fracaso, se han limitado a hablar o escribir de docenas de miles.  Menos de cien mil afirman que hubo en misa televisada los menos adictos, laicos posiblemente. En cualquier caso, muchos, pero muchos menos que en la primera convocatoria, esa de diciembre de 2007, apoyada por el PP y en vísperas de electorales. Convertida, la misa de diciembre de 2007,  por Rouco y sus hermanos en una agresión permanente contra la persona de Rodríguez Zapatero, íncubo mayor de esta España católica hasta las cachas. Dios, en verdad os digo,  no escuchó en absoluto a Rouco y sus hermanos o no quiso escucharles,  porque José Luis Rodríguez Zapatero sigue al frente del gobierno de España. En dos mil ocho, nuevo intento, pero sólo para oir misa y si acaso una frase aguda durante la homilía, pero poca gente para  ir a misa al aire libre, poco poder de convocatoria, porque no es lo mismo venir a Madrid en invierno para pasar frío y rezar, sólo para rezar, porque la familia que reza unida permanece unida, que venir a Madrid para decirle cuatro cosas a ese Zapatero, rojo y masón, seguro que masón. Quiza por ello la fuga hacia adelante de Rouco y sus hermanos anunciando que llevarán  la misa de diciembre por provincias, como los cómicos de otros tiempos cuando naufragaban en la capital.

Da la impresión que rezar, comulgar y exponer variopintas teorías sobre el nasciturus reúne menos personal que decirle unas cuantas verdades al rojo de Zapatero. Es decir que dios convoca menos que Zapatero, lo que debe ser algo tremendo, para estos hombres de fe y alzacuello, parapetados en la verdad absoluta, sin altibajos, ni cesiones al modernismo, aunque eso sí con algunas variables.  Por ejemplo un papa infalible afirma que el infierno no existe y otro papa, sucesor del descreído en el infierno, aunque no menos infalible que el anterior, tal y como estipuló  el Concilio Vaticano I, asevera que el infierno sí éxiste, o por mejor decir vuelve a existir. El problema, dada la infalibilidad  de los vicedioses, es que habrá ocurrido con los condenados al infierno durante toda la eternidad si entre papa y papa se cortó su existencia. Es igual, seguro que encuentran una falsedad más para justificarlo.

Rouco y sus hermanos es improbable  que digan misa alguna por los palestinos que mueren bajo las infames bombas de Israel. Los palestinos les deben parecer gente próxima a Zapatero. Al fin su ministro de Asuntos Exteriores, aunque se dice católico, es propalestino.