FALTÓ SABIDURIA A LA REINA SOFÍA

Octubre 31, 2008

Asombra conocer, a estas alturas del reinado, las opiniones personales de Sofía de Grecia. Nacida en Atenas es descendiente de daneses por parte paterna y de alemanes por parte materna, acento este último, el alemán, que, pese a los años vividos en España, se le nota aún. En realidad debería llamarse de esta manera impronunciable es decir Sofía Schleswing-Holstein Sonderburg-Glücksburg, que son sus reales señas de identidad y no el sencillo Grecia, falso por otra parte. Lo cierto es que tras años de prudencia y sabiduría, como su propio nombre lo indica, la Reina se ha ido de la lengua más de lo preciso, no más de lo permitido porque la libertad de expresión alcanza, sin duda, a la monarquía. Sorprende que una mujer que sólo ha sacado los pies del tiesto en los primeros meses de la monarquía para marchar a la India a refugiarse en los brazos de mamá Federica en la casa del gurú con quien vivía la Reina Madre de Grecia. Se fue con los niños, enfadada porque su marido, el Rey, había ligado con una duquesa en los postres de una cacería. Aquello obligó al patético Carlos Arias Navarro, a la sazón presidente del último gobierno de Franco y del primero de la monarquia a hacer esfuerzos cuantiosos para que Reina e hijos volvieran a España, como si no tuviera suficiente con comprobar que los españoles querían democracia. 

La Reina regresó y los españoles pagamos la compañia de madre Federica y hermana Irene. De la madre hasta que murió en aquel febrero de 1981 que tuvo de todo, como bien se recuerda. Daba la impresión, hasta las asombrosas confesiones de la Reina, que había aprendido de los malos hábitos de su madre que costó caro a papá Pablo, Rey de los Griegos y más tarde al hermano Constantino. Mamá Federica Hannover estaba interesada en que los reyes metieran las narices en los asuntos de gobierno más de lo debido y aconsejable. En el golpe de los coroneles griegos algo tuvo que ver Constantino.

Aseguran que esa experiencia personal, más el recuerdo que el Rey Juan Carlos tenía de la metedura de pata de su abuelo Alfonso XIII tolerando la dictadura de Primo de Rivera, tuvo mucho que ver con la actuación brillante y aplaudida del Rey la noche aquella del 23 de febrero de 1981. Ahora en las conversaciones privadas de la Reina con una buena periodista, Pilar Urbano, resulta que aconsejó Sofía de Grecia, al monarca que ocultara sus cartas, lo que dice poco en favor de un Rey que es alabado por la mayoría de los españoles, quienes, por cierto, en grado mínimo se dicen o se piensan monárquicos. Parece ésta la mayor metedura de pata de la Reina Sofía, aunque son muchas más, según se reproduce de manera copiosa, para mayor gloria del editor Planeta y de la autora.

Este parado con blog afirma que Pilar Urbano, miembro del Ops Dei, es una gran periodista, posiblemente su libro sobre el 23-F sea el más trabajado y con más datos de cuantos se han publicado. PIlar Urbano ha contado muchos secretos en su etapa de reportera política y no fue desmentida o lo fue en la misma proporción que somos desmentidos todos los escribidores. Pilar Urbano no se inventa un libro. La operación matar al mensajero es aburrida, por antigua. Habrá que aceptar que la Reina se fue de la lengua más de lo debido y que nadie mandó a callar oportunamente.

Si una persona, de la cultura de la Reina, recibe en privado, durante quince sesiones, a una periodista que va a publicar un libro sobre ella, no hay privacidad alguna. Un periodista cuenta lo que le cuentan. La Reina tenía ganas de hablar y ha salido una Reina reaccionaria, ultramontana y meapilas, que no es el retrato más común que se tenía de Sofía de Grecia.

La Reina, por ejemplo, habla con cariño de Alfonso Guerra. Ambos comparten afición a la música y al teatro. La Reina ha esperado, en varias ocasiones, antes de entrar en la sala de conciertos hasta que Alfonso Guerra ocupaba su asiento justo al lado de la madre de su hija. Ambos son profundos conocedores de la cultura mediterránea y han hablado de ello copiosamente. Esa Reina prudente que sabe moderar a su marido cuando éste da rienda suelta a su bonhomia, se ha soltado el pelo a los setenta años. Una mujer de esas cualidades, con esa experiencia, no hace nada sin haberlo meditado profundamente. Quizá es una venganza, una llamada de atención, pero no parece un traspies.

No se debe olvidar, para no acabar en la plaza pública con el mensajero, es decir la autora de libro, que este gozaba del nihil obstat e imprimatur de la Casa Real. Claro que la Casa desde la marcha de Sabino Fernández Campo, pero sobre todo desde la llegada del diplomático Alberto Aza a su dirección, más  la partida de Asunción Valdés de la jefatura de Comunicación, no está nada bien servida. Si la Reina ha metido la pata, quienes han autorizado sin cortapisas las greguerias de Sofía Schleswing-Holstein Sonderburg-Glücksburg deberían dimitir.


GANA QUIEN GANE EN U.S.A. LO TIENE CRUDO

Octubre 30, 2008

Cuando alumbre el primer miércoles después del primer lunes del mes de noviembre y conozcamos el nombre del nuevo César, ciudadanos de la Unión y resto de los humanos recordaremos que, sobre el nuevo propietario de la Casa Blanca, recaen obligaciones ineludibles, la no menor el problema de Irak. Va a resultar que Saddam acertaba cuando afirmaba metafísico que la guerra en Irak era la madre de todas la guerras. Gane las elecciones el héroe de Vietnam o el cautivador, Irak se clavará en sus mentes como el problema origen de casi todos los demás.

Entre las mentiras diversas que los servicios de intoxicación, sumisamente ampliados por ideólogos de bajo perfil, surgía, como la más grande, aquella que afirmaba, sin derretir lenguas, que la caída del régimen de Saddam supondría el fin del conflicto israelopalestino. Nada ha cambiado y si lo ha hecho ha sido, de manera documentada, para peor.

Hay un hecho curioso, que apenas ha ocupado espacio en los medios: ninguno de los aspirantes a César ha hecho campaña, se ha reunido con los musulmanes que son ciudadanos de la Unión y con derecho a voto. El famoso “lobby” judío podría haber usado tal hecho de manera desmedida y perjudicial para el candidato que hubiera osado tal hazaña. Malo es que no haya sucedido, porque el mundo inmerso en crisis grave, necesita rápido que una parte de la humanidad no se sienta agraviada permanentemente y la otra parte considere a los agraviados como paridores de terroristas. Es necesario terminar con esa dinámica diabólica, que censura al otro y elogia con desmesura al propio.

La última ofensa cometida por las tropas de ocupación del imperio en Irak ha sido el bombardeo de una familia Siria, en territorio sirio. Los atacantes hablan de error, pero de buena causa, iban persiguiendo terroristas de Al-Qaeda. Es la disculpa de siempre cuando se producen los daños, llamados, colaterales.

El nuevo presidente de los Estados Unidos, sea el militar o el cantor de ilusiones, debe retirar las tropas de Irak o por lo menos marcar un calendario de retirada y debe remangarse la camisa para dar con la solución al conflicto israelopalestino. Solución justa, equitativa, saludable y ,claro, beneficiosa para todos, incluso para los especuladores felones. No puede continuar mucho más tiempo esa cárcel que es Gaza. Seguro que si eso termina el mundo será otro, aunque surjan nuevo conflictos.

Vivir es un conflicto y los nuevos dirigentes de los Estados Unidos, tengan el color que tengan, deben pensar que no están solos, que el Imperio ha dejado de ser todopoderoso, que no pueden invadir cuanta nación deseen y cuando lo deseen, que no han logrado parar a Irán, desde que los iraníes decidieron enriquecer uranio, que Rusia ya no es la cuna de la dictadura del proletariado, que el mundo es muy diverso y no existe el pensamiento único, más bien el múltiple, por mucho que se repita por medios de comunicación leales a una visión unívoca, pero claramente equivocada del mundo.

De muy poco servirá refundir el capitalismo si se sigue conformando la Tierra desde el punto de vista del eurocentrismo decimonónico. En el siglo XXI ni Italia es G-8, ni Alemania puede estar ausente del grupo de miembros permanentes del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Incluso cabría pensar si es útil el Consejo de Seguridad tal y como está estructurado.

La verdad occidental (usado occidente como genérico) sirve para alimentar a los bien alimentados, que andan asustados por cualquier incertidumbre, incluido el agujero negro. Hay otras verdades y habrá que conocerlas. Este bloguero en paro tiene la convicción que en la diversidad está el futuro y que del conocimiento de esa diversidad se pasará a no creer que todo emigrante quita el pan al autóctono o que todo musulmán es peligroso por si mismo. Al revés, el emigrante pensará que es bien recibido y el musulmán no hallará justificaciones para quienes matan de manera ruin y discriminada.

La forma más segura de mandar un mensaje es que gane Obama o McCain se termine con el conflicto que enfrenta a palestinos e israelíes y se regule la salida ordenada de las tropas de ocupación en Irak.


G-8 PARA IGNORANTES DIVERSOS

Octubre 24, 2008

Por azares de la historia en el año 1974 del siglo XX (el año de la flebitis del fresco general procedente de Galicia) ocuparon la presidencia de Francia y la cancillería de Alemania Federal dos hombres que eran demasiado cultos, demasiado inteligentes y conocedores de la economía, como para no hacerse amigos ( lo siguen siendo a día de hoy) seguramente por sus pocas divergencias ideologías -liberal conservador el francés, socialdemócrata el alemán-. Valery Giscard d’ Estaing, quien, aseguraba, descendía de los Capetos era ministro de Finanzas cuando la muerte interrumpió del mandato del segundo presidente de la República Francesa, George Pompidou, para sorpresa de todos Giscard se presentó y pese a su juventud y soberbia resultó elegido, aunque por los pelos. Casi simultáneamente el gran Willy Brandt se veía obligado a abandonar la jefatura del gobierno de la República Federal de Alemania por un asunto de espionaje aún hoy no suficientemente aclarado, lo que supuso a la llegada de Helmut Schmidt al puesto de Canciller, su cargo anterior era de Ministro de Finanzas.

Estos dos hombres son clave en el desarrollo de instituciones como la Unión Europea y crearon de la nada el hoy llamado G-8. Entre sus logros mayores conviene mencionar la elección por sufragio universal de los diputados del Parlamento Europeo, la puesta en marcha de la Unión Monetaria que hoy tiene forma de euro en nuestros bolsillos, la creación del Consejo Europeo, es decir la cumbre de jefes de Estado y de Gobierno de la U.E. y el G-8. Todo ello en los siete años que coincidieron en el poder de sus dos naciones, el tiempo, en la época, de un mandato presidencial en Francia.

Tanto Giscard como Schmidt han publicado sus memorias con lo que no es difícil hallar las razones por las que nació el G-8. Economistas, aunque políticos, creían en la necesidad de crear un directorio que regulara la economía mundial, directorio que formarían los cinco ( he escrito cinco ) países más poderosos del mundo capitalista y democrático. Ellos dos, por supuesto, serían parte de los cinco, Estados Unidos era tan de obligatoria inclusión como Japón, obvio es que no se podía dejar fuera al Reino Unido. Allí, pues, estaban los cinco privilegiados. Estados Unidos pensó que tres europeos y un solo americano daba un foro desigual y solicitó la inclusión de Canadá, maniobra que los europeos aceptaron a cambio de que entrara Italia ( la siempre afortunada Italia) en el grupo. Ante los siete los británicos dijeron sí, pero sólo para las cumbres de Jefes de Estado y de Gobierno, para la reuniones ministeriales seguiría el primigenio G-5.

Hasta la llegada de Ronald Reagan a la presidencia de los Estados Unidos y de François Mitterrand a la jefatura del Estado francés, las reuniones del G-7 tuvieron un corte claramente económico. Sin secretariado alguno, el G-7 se reunía cada año en un país, aquel que de forma rotaria ocupara la presidencia. Con Reagan y Mitterrand llegó la política a las cumbres, que dedicaron desde entonces un día a los problemas económicos y otro a los políticos. En 1986 en mayo, para más datos, hubo cumbre en Japón y se decidió que de allí en adelante la fórmula G-7 serviría para todos los encuentros del grupo fueran ministeriales o de líderes. Decisión que obtuvo la enemiga del Reino Unido, quien se ajustó a la norma antigua hasta el extremo que en la primera convocatoria del G-7 económico en París el ministro británico se negó a iniciar la reunión, si antes no lo hacía el G-5. Así hubo de ordenarlo el ministro francés para que la urgente reunión, pudiera celebrarse. Tal decisión obligó a marcharse al ministro italiano, quien abandonó Francia de inmediato, aunque el canadiense esperaría. Fue la única vez que sucedió, porque vista le tensión habida los británicos depusieron sus actitud.

Los británicos siempre han creído que se trata un club privado, porque se rige por normas privadas y no por el Derecho Internacional. El G-7 antaño y el G-8 hogaño no es una organización institucionalizada, como la O.N.U o las Comunidades Europeas. Como tal club privado  se administra. Hay dos socios del club que quieren invitar a España a éste extraordinario encuentro, de otros tres nada se sabe, callan y quien preside el club, en este año de malos vientos para jugadores de bolsa, Japón ni ha abierto la boca, porque la pelota está en quien ha decidido no invitar a España. Está en su derecho. No estamos en ese directorio porque padecíamos dictadura, cuando se fundó. Por favor no olvidar. Si a la coherente decisión de no invitar a España, se añade que el convocante George W. Bush, el peor presidente de la historia de los Estados Unidos, no puede ver ni en pintura a quien debe representar a España en algo tan pomposo como refundar el capitalismo, pues se hallaran las razones. Se recuerda que José Luis Rodríguez Zapatero, presidente del gobierno de España, tuvo a bien desafiar al emperador, al cumplir su palabra y sacar las tropas de España del infierno de Irak. Otra cosa es que España deba estar y luche por ello incluso por razones objetivas.

A las reuniones del G-7 se invitaba desde sus inicios al presidente de la Comisión Europea y al presidente de turno de la Unión si esta presidencia correspondía a un país socio de la hoy Unión Europea, pero no miembro del G-7, hoy G-8. Esa fue la razón y no otra por la que José María Aznar asistió a la cumbre celebrada en Alberta (Canadá) en junio de 2002. España presidía la Unión Europea, como España no es miembro del G-8, ni lo fue jamás del G-7, su Jefe de Gobierno acudió en cuanto presidente en ejercicio de la Unión, lo que permitió a José María Aznar poner los pies sobre la mesa y darle toda la envidia del mundo a Felipe González quien nunca pudo ir, la primera vez que presidió España la Unión, 1979, Francia, que ejercía semestre siguiente las Comunidades, era presidente del G-7 y como en 1979 se conmemoraba el segundo aniversario de la toma de la Bastilla, Mitterrand reunió a sus pares un 14 de julio. En 1995 la presidencia, Canadá, organizó la cumbre en el primer semestre del año y España presidió la Unión Europea, la que dio el nombre al euro, en el segundo. Cuando cayó el muro, los grandes del mundo decidieron invitar a Rusia, primero para ayudarla, después para controlarla, pero Rusia camina por su cuenta.

Esa y no otra es la historia de un grupo, por cierto en este año de la crisis presidido por Estados Unidos, que no tiene organización estable , ni secretariado fijo , pero que pretende dirigir el mundo, o al menos para eso nació.

Como ya ocho no dan para mucho en un mundo multipolar pese a los creacionistas del unilateralismo, pues Bush ha invitado a los llamados paises emergentes, es decir Argentina, Brasil y México por Iberoamérica, India, China, Indonesia, Corea del Sur y Arabia Saudí por Asia, Australia por Oceanía, Turquía por Eurasia y Surafrica por el continente olvidado. Si se suma dan 19, pero se añade la U.E. que no hace G-9 aunque sí asiste a todas sus reuniondes, pero si G-20. Cosas de los clubes privados.

Además de España y sin ser muy exahustivo se percibe la ausencia de Chile, Nueva Zelanda y Nigeria, cuando menos.


LA ENVIDIA Y NO SOLO EN EL DEPORTE

Octubre 18, 2008

Hay que desengañarse, en serio, España es una gran nación. Matizaré España vuelve a ser una gran nación y ello pese a separadores, en mayor medida, y separatistas. Resulta que nuestra legislación sobre la banca es la mejor del mundo y , sin embargo, el españolito medio andaba temeroso ante la hecatombe prevista por los agoreros más integristas. Mientras los profetas locales, españoles quiere decirse, pronosticaban el fin de la rotación de la Tierra, los escritores ajenos afirmaban que, para solidez financiera, esa de la banca de España. Cosas veredes.

Acostumbrados, como estamos, a fragelarnos de manera contínua,  a calificar de bobo al otro y en particular al que destaca, a quien se sale de la mediocridad, al inteligente, no hemos sabido entender que hemos ascendido, gracias a nosotros mismos, a nuestras contradicciones y a la demoracia, en la escala de naciones desde que el tirano desapareció. Estamos entre las diez más poderosas naciones-estados del mundo. Los españoles no somos bajitos, con bigote y cara de mala leche, no hay más que ver a los chicos del baloncesto. Hemos pasado de emigrantes a recibir emigrados y eso enriquece, porque mezcla y más grandes fuímos, cuanto más nos mezclamos. Recuerdese que los llamados número arábigos entraron por Andalucía a Europa. Debemos de estar orgullosos de ser un gran país, pero sólo parecemos percibirnos de tal evento, cuando somos atacados, de manera artera.

La afrancesada UEFA cierra el estadio Vicente Calderón. La Federación inglesa de fútbol dice que no jugará en el Santiago Bernabeu porque es un estadio racista y así de pronto se juntan las dos nuevas. En el franquismo castizo se diría que existe una campaña judeo-masónica contra la perla de occidente, pero no hay tal. Sí hay, sí existe una corrosiva y masiva envidia. Este año de 2008 los deportistas de España han ganado casi todo. El grito de “soy español-español-español” ha sonado tras cada acontecimiento deportivo con los actores abrazados y eso joroba más állá. Los franceses, cuyo idioma por cierto ya no es “lingua franca” y sólo el pasado remoto hace que sea aún lengua oficial del C.O.I. (debemos exigir que lo sea el castellano que lo hablamos muchos millones más que el francés), no ganan su Tour desde hace unas centurias. Los ingleses, que aún siguen defendiendo el honor balompédido de Albión divididos por cuatro, para recordarnos que en el nacer del fútbol eran un imperio que ya no son, no ganan un campeonato de fútbol desde 1966, cuando en Wembley hurtaron a Alemania la victoria. Eso escuece, si se añade que Italia no nos elimina y Alemania ya no asusta comprenderemos que se nos castigue por actos cometidos por hinchas marselleses o que se acuse a los asistentes al fútbol en el Bernabeu de racistas. Los hay, no le cabe duda a este parado, pero no son la mayoría y no se puede tomar la parte por el todo. Se comprende bien que los ingleses no quieran perder en estadio tan importante, porque por el momento parece dificil ganar a la gente que dirige Xavi, de Terrasa, argumento primario de tanta trampa. 

Si nos acostumbramos a creer en nosotros y nos olvidamos del ejercicio cainita de destrozarnos o del masoquista de fragelarnos hallaremos los motivos de tanto vómito. Cuando Gordon Brown invita a Rodríguez Zapatero a una cumbre, deberíamos sentir orgullo, algo por cierto muy hispano. Se reconoce, no en la persona del Presidente del Gobierno, la posición global de España: en economía, en deporte, en cultura y en estructura del Estado. Además se da por terminado el tiempo de cuarentena y prevención que trajo consigo el aislamiento pirenaico primero y el franquismo más tarde. Sin la dictadura franquista,  Italia no habría vivido a costa de Europa cuarenta años, al menos no habría vivido sola y ahora no estaría, porque no tiene razón de ser en el G-8. Ese lugar le corresponde a España. Lo anunció José María Aznar con razón y lo defiende, con identica razón y causa, José Luis Rodríguez Zapatero. No es extraño que nos envidien y tampoco es tan malo, a lo  mejor nos percibimos de nuestra fuerza como nación varipionta,  sí; plural, afortunadamente, pero nación


MADRID Y LOS SEPARADORES

Octubre 11, 2008

No es necesario ser una aplicado analista, para observar lo chulapo que se ha vuelto Madrid, desde el fin de la movida y eso fue en los ochenta del siglo pasado. El actual Madrid  se apróxima a aquella definición del peor de los borbones: ”lejos de nosotros la funesta manía de pensar” y al tiempo se aparta ese mismo Madrid de lo que el poeta denominaba “crisol de las españas”.  La caspa gris inunda la capital del Estado hasta empobrecer sus virtudes. En estos tiempos de centenario se insinúa que la idea de nación (en el sentido decimónono del concepto, que no en el medieval de las universiades) en España surgió el dos de mayo en Madrid. Babaridad mayor es, pero hay queda impregnada de película epopeyica sobre tal hazaña cual es darle a España, en Madrid en la Puerta del Sol (carga de los mamelucos Goya) forma de nación. Para redondear el círculo o quizá su cuadratura, el autor del filme asegura que ha escogido personajes de Pérez Galdós para su obra mayor, porque “Galdós era neutral”. Pues el canario descendiente de vascos debe rabiar en su tumba, porque no fue neutral. Hasta el punto que condenó la ejecución de Ferrer i Guardia. Citado quede eso como ejemplo de la escasa neutralidad de un escritor que fue diputado en la Primera República. Claro que Pérez Galdós fue español, ni duda , pero crítico. Se reproduce a continuación, para corroborar lo escrito, párrafo de los Episodios Nacionales, capitulo llamado Zaragoza (ya se comprende que Zaragoza es Corona de Aragón y eso no es Madrid) porque demuestra, de manera evidente, quién es el genial canario, quien puede ser todo, menos neutral, como dice el apologista de mi ideóloga de derecha favorita: Esperanza Aguirre, por supuesto. Esto escribía don Benito:  

“Lo que no ha pasado ni pasará es la idea de nacionalidad que España defendía contra el derecho de conquista y la usurpación. Cuando otros pueblos sucumbían, ella mantiene su derecho, lo defiende, y sacrificando su propia sangre y vida, lo consagra, como consagraban los mártires en el circo la idea cristiana. El resultado es que España, despreciada injustamente en el Congreso de Viena, desacreditada con razón por sus continuas guerras civiles, sus malos gobiernos, su desorden, sus bancarrotas más o menos declaradas, sus inmorales partidos, sus extravagancias, sus toros y sus pronunciamientos, no ha visto nunca, después de 1808, puesta en duda la continuación de su nacionalidad; y aún hoy mismo, cuando parece hemos llegado al último grado del envilecimiento, con más motivos que Polonia para ser repartida, nadie se atreve a intentar la conquista de esta casa de locos. Hombres de poco seso, o sin ninguno en ocasiones, los españoles darán mil caídas hoy como siempre, tropezando y levantándose, en la lucha de sus vicios ingénitos, de las cualidades eminentes que aún conservan, y de las que adquieren lentamente con las ideas que les envía la Europa central. Grandes subidas y bajadas, grandes asombros y sorpresas, aparentes muertes y resurrecciones prodigiosas, reserva la Providencia a esta gente, porque su destino es poder vivir en la agitación como la salamandra en el fuego; pero su permanencia nacional está y estará siempre asegurada.”

Hasta aquí la cita galsdosiana, que como se recalca, se escribe al final del capítulo de Zaragoza. Como ha sido la única vez que los españoles, desde los Reyes Católicos, hemos tenido enemigo común, hemos luchado contra alguien, es posible que sea nuestro punto culminante como nación ideal, pero España no es Madrid, lugar donde los separadores causan daño y horror.

 Contrariamente a los discípulos castizos del viejo Borgess, este parado, sí cree en las mayorías y en consecuencia acepta que estas elijan y con furor masivo a los dirigentes que elijen para regir los destinos de Madrid Comunidad. Eso es la democracia y algo mal harán quienes no ejercen bien sus funciones de oposición para que el designio de los electores se modifique. Desde luego lo que no conviene es callarse antes los gritos que sin disimulo, quieren contarnos falsedades en forma de divina enseñanza. El Madrid que resistió a Franco hasta el final, el Madrid de la revolución de 1868, el crisol de las Españas, debe pedir paso y no creerse que Carlos Marx es una pieza arqueológica y mucho menos en tiempos donde el mercado y sus defensores nos han conducido a la catástrofe. No, Don Benito no fue neutral. Fue un progresista moderado diputado por el País Vasco y canario de nación (esto de nación viene de nacer) y madrileño, de esos que proclaman que Madrid es una ciudad abierta, incluso para los hombres-publicidad.


LA UNION EUROPEA Y EL DIRECTORIO

Octubre 5, 2008

En 1992 en Sevilla, mientras se inauguraba el pabellón de la Comisión Europea en la Expo-92, Felipe González, presidente del Gobierno de España en la época y en la cima de su carrera, hizo un aparte con Jacques Delors el magnífico presidente de la Comisión. Andaban los dos dirigentes y europeistas de pro muy preocupados por el futuro de las Comunidades Europeas, porque aquel tiempo anunciaba ampliaciones varias, a los países ricos primero, Suecia, Austria, Finlandia, Noruega (los noruegos dirían no por segunda vez a la adhesión, en referendum en el otoño del 94) y más tarde a las naciones que padecieron durante décadas el socialismo real. Si esas ampliaciones no estaban acompañadas por unas instituciones más sólidas la idea de una Europa unida corría el riesgo de diluirse.

Sabían los dos estadistas que la caída del muro de Berlín había dejado muy tocada la alianza franco-germana, la misma que había hecho posible la andadura de las Comunidades. Sabían que el fin del comunismo había puesto en entredicho las acción común en política exterior al obrar Alemania por su cuenta en la disolución de Yugoslavia. Sabían, en fin, que la unificación de Alemania, además de poner en el mapa una enorme nación, suponía una ampliación de facto de la Comunidad Europea, de pronto en octubre de 1990 habían entrado en la hoy Unión casi veinte millones de seres procedentes de la extinta República Democrática de Alemania. Con esos datos en la mano y con el fin de anclar a Alemania en occidente González y Delors especularon con la posibilidad de crear un directorio de la Unión formado por los más grandes en kilometros cuadrados y habitantes es decir: Alemania, España, Francia, Gran Bretaña e Italia (citados por orden alfabético) y, cuando ingresara, se invitaría a entrar en el grupo a Polonia. Así quedó la cosa. Era sólo una idea, hablada en la tranquilidad de Sevilla, sin más recorrido por aquellos días, en los que se andaba aprobando el llamado Tratado de la Unión Europea, más conocido por Tratado de Maastricht y que sería rechazado en referéndum por los daneses en mayo de ese 1992.

La charla entre los dos amigos se filtró. Fuera quien fuera quien lo filtrará, el autor del escrito se inclina por Delors,  lo cierto es que la idea del directorio -tratado en una conversación absolutamente informal y sin más transcendencia que la personalidad de los dos protagonistas- irritó hasta la demesura a los países llamados pequeños como Bélgica, Holanda o Dinamarca. Se debatió sobre el asunto como si ya hubiera una directiva o se hubiese convocado una Conferencia Intergubernamental para cambiar los tratados. Desde entonces -ya han pasado dieciseis años- la idea sigue fija, sin que nadie se atreva a moverse. Sin embargo la Europa de 27 pone de manifiesto que hacen falta más instrumentos si se pretende que la vieja Europa no quede como un lugar para el recuerdo. Si alguien cree que cada Estado-Nación actual puede capear con naciones emergentes como India o China, pues habrá que dejarle en su jaula de cristal. La Unión necesita fortalecerse, hablar con una sola voz, tener una idea común para afrontar la crisis financiera. Comprobar que gracias el euro la cosas no son aún peor, debería bastar para encontrar más puntos de apoyo hacia una mayor federación. 

La busqueda de soluciones de urgencia, ante el frío monetario que llega del Imperio, ha puesto en marcha un modo de directorio. Primero fue Gordon Brown, primer ministro británico,  quien convocó a alemanes, franceses e italianos, cuando de la crisis sólo se vislumbraba la punta del iceberg. Ya entonces se oyeron castizas voces criticando voraces la ausencia de España. El sábado cuatro de octubre del corriente Napoleón Sarkozy ha vuelto a reunir al directorio y de nuevo las voces se han alzado, las vestiduas se han rasgado al proclamar, simepre en castizo, la ausencia de España. Para colmo la vicepresidenta primera del Gobierno de España, Maria Teresa Fernández de la Vega, de la que no se discute su laboriosisad, se muestra incapaz de explicar la ausencia de España en la reunión. No es la primera vez que no sabe o no contesta bien en una aparición pública, por ello -cree este parado con blog- que debería abandonar cuanto antes sus funciones de portavoz. Cada vez que no lee en un papel la respuesta a la pregunta prevista, balbucea de mala manera. El pasado viernes, en la conferencia de prensa posterior al Consejo de Ministros, trastabilló para justificar la ausencia del Presidente del Gobierno en la reunión del directorio.

No se puede estar presente en una reunión que tiene como justificación para celebrarse que a ella acuden tan sólo los cuatro países, socios de la U.E., que al tiempo son miembros de G-8. Como se debe saber España no está en el G-8, aunque cumple las condiciones para pertenecer, incluso supera a Italia, pero eso es ahora y no cuando nació el, entonces,  G-7. Ese es el argumento para reunir a cuatro y para excluir a iguales y de paso para no ofender a los pequeños antes de una cumbre de los 27. Se pretendía con la reunión, acabada sin éxito alguno, alcanzar puntos comunes para proponer en la Cumbre. La reunión no ha conseguido su objetivo y es por tanto un fracaso, uno más,  del hiperactivo Sarko, pero también ha sido un fracaso la explicación de la vicepresidenta y, por supuesto, las críticas absurdas a la ausencia de España.

Se considera, en este blog, que la idea del directorio a seis y dentro de la Unión,  debería caminar, que sería de una utilidad enorme para que Europa no se quedara en una utopía, pero con poner en marcha el Tratado de Lisboa ya se andaría un poco que falta hace. Europa se halla varada desde el Tratado de Niza. Por cierto, ese que está en vigor.


GEORGE W.BUSH Y EL MES DE SEPTIEMBRE

Octubre 3, 2008

Desde que, de manera más o menos fraudulenta, alcanzó la presidencia de los Estados Unidos Bush II  no pasa tranquilo por el mes de septiembre. Celebraba el primero en la Casa Blanca, tan féliz él esperando que Cheney le dijera como y cuanto debería hacer, cuando en la mañana del 11 de septiembre de 2001, mientras se hallaba en un colegio de niños, le comunicaron que algo espantoso había pasado. En este septiembre que acaba de decir adios, su último septiembre, “laus deo” , en la Casa Blanca se le ha caido la economía encima. Esta vez, al menos, no le da tiempo a invadir un país en nombre de su verdad, para desviar la atención. Es de agradecer que en Estados Unidos sólo se pueda ser presidente durante dos mandatos. A saber que podría suceder un septiembre más con semejante individuo a las riendas del Imperio. Richard Nixon, que tuvo que salir de mala manera de la Casa Blanca, fue, sin duda, más competente que este caballero tejano, a quien un grupo de inteligentes ultra conservadores la han hecho todo el trabajo, incluso llevarle hasta el sillón de mando.

En noviembre de 2000, cuando se le dió ganador de forma no muy limpia, regresó al poder ejecutivo de los Estados Unidos el pasado más rancio y no sólo por la ideologia política ultra derechista, sino por lo que ese poder representa de defensa a ultranza de un capitalismo que no quería dar paso a nuevas formas de enriquecerse. George W. Bush II es un producto del petróleo como industria y del capital financiero como conseguidor de dinero fácil, rápido y de escasos escrúpulos. Frente a él, Al Gore representaba las nuevas formas, el capitalismo ecológico, la apuesta por la sociedad de la información. Lo moderno, frente a lo antiguo. Ganó lo antiguo, quizá porque los conservadores son demasiado temerosos y no se lanzan hacia nuevas metas a  no ser que toquen rápido los beneficios. Bush II desde la famosa sala oval ha alentado a los especuladores rodeado de un grupo de funcionarios, la mayoría provenientes de las empresas que alentaban, que sí tenían claro lo que querían, porque desde hacía muchos años conocían los entresijos del poder y alguno de ellos andaba quemado porque no había terminado con bien la guerra que dio comienzo Bush padre en 1991. (Nada tienen que ver el padre y el hijo, el padre es un señor inteligente y culto, conservador, pero no ultra, no parece que el hijo tenga alguna de las virtudes del padre).

Los funcionarios que llevaron a Bush II hasta la presidencia querían, como paradigma,  dotar a sus empresas petrolíferas de poder, para cuando regresaran a la vida privada una vez usados y abusados los resortes públicos. Con tanto septiembre negro en el reinado de Bush II permanece en el olvido o queda en un muy segundo plano la primera medida del reinado: pedir al Congreso que aprobará una ley para explotar el petróleo que, se supone, se encuentra en el subsuelo de Alaska. No hubo suerte para los Cheney y compañía, un senador republicano se negó a alentar el desaguisado ecológico y votó contra la propuesta. Después los iluminados de Ben Laden les guiaron hacia otras explotaciones de petróleo. No se afirmará, en este escrito, que hubo connivencia, ni pacto de ayuda mutua, ni barbaridad semejante. Los terroristas hicieron su trabajo al margen de los deseos del emperador y su guardia pretoriana. Sucede que, los efectos provocados por la matanza de las Gemelas y la menos mencionada del Pentágono, sirvieron para lanzar una ofensiva sobre Afganistan y más tarde contra Irak. Siete años después del espanto del once de septiembre, habrá que convenir que Bush II y sus asesores no anduvieron finos en el contraataque.

La operación “Libertad duradera”  es según pasa el tiempo duradera, pero no está claro que la libertad se haya establecido en Afganistan. Los talibanes se vuelven a asentar allí donde fueron expulsados y las muertes de soldados que quieren garantizar la libertad aumentan de forma tremenda. El fangal en que anda metida la OTAN por un lado y los propios Estados Unidos por otro es enorme. Sigue sin haber Estado, por mucho que se pasee por el planeta a Hamid Karzay y sus verdes capas. No es necesario recordar aquí con detalle que cualquier intento de dominar Afganistan ha sido inútil y de ello pueden dar cuenta ingleses y rusos sin ir más lejos. 

Si Afganistan es un error, aunque justificable: los chicos de Ben Laden se ocultaban en tierras afganas, la posterior entrada en Irak fue algo peor que un error: una mentira. Ha costado vidas, pero sobre todo el mundo esta peor que antes de la guerra de Irak. Entre otras cosas no se ha solucionado el problema entre Israel y Palestina, que la Casa Blanca anunció como gran logro tras invadir Irak. Cierto es, o eso se transparenta, que en Irak los problemas van hallando solución, pero demostrado queda que el Imperio no puede mantener dos guerras a la vez, a pesar de contar con ayuda de sus aliados y menos aún entrar en una tercera contra Irán o invadir Venezuela. La mentira de Irak ha producido un descrédito mundial de los Estados Unidos que seguro los ciudadados de la Unión no merecen. Sí su dirigente máximo, un producto de la casta guerrera a la que acuden los imperios cuando da comienzo su declive y eso desde los tiempos de Septímio Severo en Roma, a quien tanto se parece George W. Bush, aunque uno proviniera del este del Imperio romano y otro del sur del Imperio actual. (Dicen politólogos y sociólogos, a propósito de la procedencia sudista de Bush II, que el sur esclavista y retrógrado que perdió frente al norte durante la guerra civil, también llamada de secesión, ha ganado un siglo después gracias al aire acondicionado, que ha permitido la llegada al sur de los más conservadores, pero eso da para otra bitácora).

El bajo imperio romano se caracterizó porque la defensa se llevaba la mayor parte del gasto público, o sea como en el actual reinado de Bush II. Añádase el estallido financiero de este septiembre y se tendrá una medida ponderada del desastre, porque Bush II y su tribu no sólo buscaban petróleo invadiendo Irák y de paso cortando la ruta del petróleo hacia China, sino que favorecían al capital financiero que era el suyo, el que les había conducido al poder. Desde la caída del muro de Berlín, desde el fin del comunismo, el capital ha decidido especualr y no invertir. Se han olvidado los hacedores de dinero fácil, los especuladores sin escrúpulos del gran Henry Ford quien afirmaba que si fabricaba coches era para que los compraran sus obreros. A los nuevos dirigentes les interesa sólo su bolsillo, privatizan las ganancias y entre todos debemos pagar sus millonarias pensiones, el precio de su mal hacer, o sea socializan las pérdidas.

Este es el desastre al que ha llevado el ultra conservadurismo y sus leyes de mercado libre. No es bueno perder de vista a Keynes, porque al final ha habido que aplicar su libro de estilo para frenar la catástrofe o quizá para evitar el caos. Cheney se irá a dirigir una empresa cuando deje la vicepresidencia y Obama, esperemos que sea él, tendrá que bailar con la más fea, y mientras baila será criticado hasta la saciedad, y sin  base,  por los záfios medios de comunicación que pagan los ultra conservadores.