Al ritmo de un éxito a la semana o casi, es difícil mirar atrás y, además, sin ira alguna, pero conviene, es bueno e inclusive necesario. En la infraestructura de este éxito magnífico y maravilloso del deporte español se encuentran dos ( por lo menos los más visibles) seres humanos. Son ellos, en el punto de vista de este parado escribidor, Javier Gómez Navarro y Carlos Ferrat Salat, presidente del Consejo de Deportes el primero y presidente del Comité Olímpico Español el segundo, cuando se organizó la buena senda. Su mundo de partida, casi desde la más tierna infancia de ambos, era la empresa y su gestión. Sus caminos se encontaron en los finales de los ochenta inicios de los noventa y sin ellos Barcelona-92 habría sido otra historia. A partir de ellos, gracias a ellos, el deporte español ha tenido y tiene una constante: la expansión y el crecimiento.
El ADO, Asociación de Deportes Olímpicos, la máxima criatura de Gómez Navarro y Ferrer Salat, es la base en la que se fundamente el triunfo que protagoniza una generación crecida en el clamor de los Juegos Olímpicos de 1992 celebrados en Barcelona. El catalán y de derechas, muy de derechas, ya fallecido y el castellano de izquierdas, que en activo continúa, son la base sobre la que se ha edificado una estructura deportiva de triunfos. Gracias a los deportitas y a Javier y a Carlos se nos ha olvidado que somos un país que celebra derrotas en casi todas las fiestas autonómicas y somos una nación, un país, un Estado, un Reino que disfruta de Xavi Hernández y Carlos Sastre, entre otros, afortunadamente.
(27/07/08)
Escrito por jotabege
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