Decía Jacques Delors -según todos los entendidos, en la abstracta asignatura Construcción Europea, el último gran dirigente en Bruselas- que la abolición de aduanas y fronteras en el interior de la Unión, es decir la puesta en marcha del Mercado Único Europeo el uno de enero de 1993, no abría informativos con grandes masas aplaudiendo el fin de las fronteras interiores, porque tal evento no entusiasmaba a la gente tanto como la toma de la Bastilla, por ejemplo.
Bronislaw Geremek un polaco apasionado por Europa, un patriota europeo me atrevería a decir, afirmaba “que la falta de catarsis revolucionaria” era una del los grandes fallos de la construcción de Europa.
A la Unión Europea, antigua Comunidad Europea, conviene juzgarla mirando hacia atrás sin ira. Observando que, en el mejor de los casos, la fundación de la CECA celebrará sus sesenta aniversario en trece meses, nada en la Historia de la Humanidad, nada. Y, sin embargo, muchísimo en la Historia de la desangrada, en miles de guerras, Europa. La generación nacida en los años cuarenta en Alemania o en Francia o en España será la primera en la Historia del viejo continente que no haga monumentos a caídos, que no ponga flores a su soldado desconocido y eso gracias al proyecto de Europa Unida nacido en la Conferencia de la Haya en 1948 o quizá verbalizado por Wiston Churchil en Zurich dos años antes. Visto en perspectiva y con realismo es mucho e importante el camino recorrido. Nunca la vieja Europa ha vivido un período de paz tan largo.
JEAN MONNET
La Unión Europea – tal y como hoy la denominamos y ordena se llame el Tratado de Lisboa- en opinión de sus padres fundadores, fundamentalmente Jean Monnet, debe construirse paso a paso; él dado por los líderes de los veintisiete el pasado 19.11.09 nombrando, sin necesidad de prolongar la reunión hasta la madrugada, Presidente de la Unión y Jefa de la Diplomacia es trascendental y marcará un hito en la Historia de Europa, pese al pesimismo medioambiental por el perfil de los dos designados: Herman Van Rompuy y Catherine Ashton.
Michel Rocard, socialista y ex primer ministro de Francia, solía decir que estábamos construyendo algo no previsto ni por John Locke, ni por Charles Montesquieu y decía verdad Michel Rocard.
La construcción de la Unión Europea se hace a partir de Estados Nación consolidados, algunos tan antiguos como Portugal, España, Francia o Gran Bretaña y otros tan modernos como Eslovaquia o Eslovenia. Dato que es bueno no olvidar, cuando el pesimismo nos invade porque nadie haya tenido que votar nunca por la baronesa Ashton.
En la construcción del imaginario nacional hay dioses que engendran reyes: Roma. Hay, o se lo inventa Johan Gottfried Herder, el volkgeist el genio o el espíritu del pueblo que tanto hizo por la unificación de Alemania bajo del predominio de Prusia en el siglo XIX o se hace algo nuevo como los Estados Unidos, sin embargo la Unión Europea carece de semejantes fundamentos, es algo tan racional que suena más a René Descartes o Immanuel Kant, pero muy poco, por no escribir que nada, a revolución de la claveles o a caída del muro de Berlín. Esto de hacer Europa es mucho más aburrido y más prosaico, pero si no existiera la Política Agraria Común, no habría agricultura, ni ganadería en la vieja Europa que pudiera aguantar la llegada de productos de los países terceros. No es bueno caer en el llanto y en el crujir de dientes, porque sea Herman Van Rompuy quien dirija las sesiones del Consejo de Ministros que reúne a los jefes de la diplomacia de los veintisiete y no Miguel Ángel Moratinos desde enero de 2010.
MIEMBRO DEL CLUB
Herman Van Rompuy, como todos los nombramientos importantes producidos después de la salida de Jacques Delors de la presidencia de la Comisión en 1995, es primer ministro de un país miembro, es decir forma parte del club más selecto: el Consejo Europeo. Un invento de Valery Giscard y Helmut Schmidt, quienes también inventaron la moneda única, eso que hoy llamamos Euro y el G-7. Consejo Europeo, que sólo desde la entrada en vigor del Tratado de Lisboa, es una institución de la Unión al nivel del Parlamento, el Consejo, la Comisión, el Tribunal de Justicia y el Tribunal de Cuentas.
Esta nueva institución, pero en funciones desde los años setenta del siglo XX, elige para los puestos sólo a miembros del club que forman los Jefes de Estado o Gobierno: Jacques Santer, Romano Prodi, José Manuel Durao Barroso, por cierto primer ministro en ejercicio a la hora de su designación, como Van Rompuy o el actual secretario general de la OTAN Anders Rasmussen. Los líderes quieren a uno de ellos, ya no arriesgan con gente como el primer presidente de la Comisión el alemán Walter Hallstein o Jacques Delors.
Por cierto el Tratado de Lisboa dota de personalidad Jurídica a la Unión, que hasta la fecha no la tenía.
Se anda lento en la Unión, pero no es posible de otra manera. Saltos en el vacío como la Comunidad Europea de la Defensa o Constitución Europea se han enfrentado al no, esencialmente de Francia, aunque no sólo.
Recuérdese, a la hora de analizar desde el pesimismo los nombramientos de Van Rompuy y Catherine Ashton.
Lo primordial, lo esencial, lo importante es que ha nacido una figura nueva a caballo entre el Consejo órgano legislativo de la Unión junto al Parlamento Europeo y el ejecutivo la Comisión. Como en la UE se hace, tal y como afirma Antonio Machado, camino al andar, veremos en cinco años como es eso de tener dos gorros sobre una sola cabeza. Es, en todo caso, un esencial paso adelante.
Lo menos bueno de este momento de la Unión es que la Comisión pierde fuerza, esa que tuvo hasta la caída del muro de Berlín y la llegada del miedo escénico. La frase es de Margaret Thatcher pronunciada en Roma 1990 cuando se abrió la conferencia intergubernamental que daría paso al Tratado de Maastricht :“Señores y si esto sale adelante ¿qué hacemos con la Reina de Inglaterra?”. La respuesta es obvia, por eso es tan lento el proceso, pero tan lógica y razonablemente lento. En consecuencia los dos nombramientos son los posibles en este punto del tiempo y del espacio.
PAIS PEQUEÑO, PAIS GRANDE
El nuevo presidente de la Unión pertenece a un país pequeño, Bélgica, uno de los fundadores de la Unión en los años cincuenta del siglo XX. Bélgica es un Estado confederal algo semejante a lo que pretende ser la UE. Los políticos del país de Herman Van Rompuy han hecho famoso el método belga de convivencia. Herman Van Rompuy es un democráta cristiano familia política esencial en la construcción de Europa desde Robert Schuman. No es, pues, tan malo su nombramiento, por mucho que carezca del halo de Felipe González, demasiado federalista o de Tony Blair demasiado atlantista y ambos con demasiado peso específico. Es el hombre oportuno en este instante de la historia de la Unión. Y ha sido elegido rápido, lo que no deja de ser un hito en una Europa de 27. Por cierto una Europa toda ella demócrata desde hace sólo veinte años. Conviene tenerlo en la memoria.
La nueva Jefa de la Diplomacia de la Unión y vicepresidenta de la Comisión, pertenece a uno de los grandes, Reino Unido. Lógico. En Europa desde 1945 y con permiso de Charles De Gaulle se hace la política exterior que quieren los Estado Unidos, o sea ninguna novedad. Eso hacia imposible el nombramiento de Miguel Ángel Moratinos. Javier Solana Madariaga, sobrino nieto de uno de los ideólogos de la UE, Salvador de Madariaga, es – junto a su cualidad innegable de fantástico animal político- un hombre de los Estados Unidos, sin cuyo apoyo jamás habría sido secretario general de la OTAN, ni habría sido el primer jefe de la diplomacia de la Unión. Justo es decir, por tanto, que nada más lógico y coherente que la jefa de la diplomacia sea británica ¿quién mejor que un británico para saber lo que quiere la antigua colonia? La baronesa Ashton es la persona posible, puede que no parezca adecuada, pero demos tiempo, tiene cinco años por delante. Es mujer, lo que era justo y necesario, que la UE tiene muchos padres, pero madres, la verdad, no le sobran. Por último es miembro de la familia socialista que con sólo seis primeros ministros entre veintisiete – también es bueno recordarlo- logra un alto cargo.
El 19.11.09 será una fecha a destacar en la difícil historia de la Unión Europea, antes Comunidad Europea, término que resulta más cálido que Unión dicho sea de paso.
Ahora toca con permiso del Consejo Europeo, que Van Rompuy y Durao Barroso no se peguen por salir en la foto y qué la presidencia española sepa poner la vías del nuevo camino. Está complicado. Piénsese en el protocolo del recibimiento a Barak Obama en la cumbre Unión Europea Estados Unidos en Madrid, el día del choque de galaxias Leire Pajín dixit. ¿Será José Luís Rodríguez Zapatero quién haga los honores o será el presidente del Unión, Herman Van Rompuy?. Nicolás Martínez Fresno que sabe mucho de protocolo y está en la organización de la presidencia española, sabrá resolverlo. Seguro.
Escrito por jotabege
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